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Crónica:23ª jornada de Liga | FÚTBOL

El Villarreal y el Mallorca se acercan a la Liga de Campeones

El equipo castellonense aprovecha el ímprobo trabajo de Palermo para ganar al Valladolid

A un goleador se le exigen goles. Si éste se llama Palermo, aún más. Palermo no marcó ayer, para disgusto del propio jugador y de la afición del Villarreal. Sin embargo, su aportación fue decisiva para que los tres puntos se quedaran en el zurrón castellonense. Intervino en los dos goles de su equipo. Fue objeto del penalti que transformó Víctor y sacó un potente cabezazo que Bizarri no pudo retener y que remachó Jaime para apuntarse su primer tanto en la Primera División, el segundo para los suyos en el día de ayer.

Al Villarreal le bastó un fútbol discreto para derrotar al Valladolid, que demostró buenas maneras y escaso acierto rematador, circunstancia que menguó sus posibilidades ante un cuadro que, con Palermo, ha aumentado su porcentaje de peligro en el área rival.

Ya no engaña. El discurso de prudencia - la salvación es el objetivo y todo eso- no se lo traga nadie. El Villarreal se encuentra donde se encuentra por méritos propios, por la calidad de sus jugadores y por el buen uso que éstos hacen del balón, que manejan con criterio envidiable. A un equipo que cuenta en sus filas con jugadores de la talla de Cagna, Víctor o Palermo tildarlo de modesto suena a ignorancia supina. Si a a éstos se les suman jugadores que han salido a la palestra sin hacer ruido, como el defensa Unai o Jorge López con su juego barroco, hay que agarrarse que viene una curva.

Al igual que en anteriores encuentros en El Madrigal, al Villarreal, como un motor diesel, le costó coger el hilo del partido. Los primeros minutos siempre resultan problemáticos. Bien plantado y guiado por Eusebio, el Valladolid dio la impresión de estar más metido en faena que su rival. Pero no sólo de orden y organización vive un equipo. Hay que dominar las áreas y ahí el Villarreal, aun sin frescura ni fluidez, transmitía más sensaciones que el conjunto pucelano. En primer lugar, porque el defensa Quique Álvarez, soberbio en el corte, y Unai, expeditivo en el choque, hicieron raya. El único delantero violeta, Pachón, no rascaba ni bola. En el marco contrario hubo, sin alardes, más alegría. La que ponen jugadores elegantes, como Jorge López, o la corpulencia de Palermo, que trajo por la calle de la amargura a la pareja de centrales vallisoletanos. Precisamente, Jorge López y Palermo crearon el primer gol del Villarreal. El centrocampista metió un pase interior al delantero y éste fue derribado por Heinze dentro del área. El penalti lo transformó Víctor.

El Valladolid siguió en el segundo acto tan indolente en el ataque como en el primero, pero pudo hacer valer su mayor presencia por las proximidades de López Vallejo. Fernando y Pachón, que tuvieron cada uno sendas oportunidades para nivelar el marcador. Pero el Valladolid dilapidó sus escasas opciones para llevarse algo positivo. Por el contrario, el Villarreal, por mediación de Jaime, tras un magnífico cabezazo de Palermo, sentenció un partido complicado y se embolsó tres puntos que le consolidan en los puestos que dan acceso a los torneos europeos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 19 de febrero de 2001