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El Gobierno catalán conocía hace semanas la petición de que aportara dinero para llevar el AVE al aeropuerto

El Gobierno catalán recibió hace varias semanas varias comunicaciones sobre el coste de llevar el AVE al aeropuerto y la conveniencia de que realizara algún tipo de aportación para ello. Este hecho ha sido reconocido por miembros del Gobierno catalán e insinuado el pasado fin de semana por el ministro de Asuntos Exteriores, Josep Piqué. No obstante, hasta la pasada semana no hubo una comunicación formal al respecto.

La reacción del Gobierno catalán ha sido, sin embargo, desconcertante: mientras que el consejero de Economía y Finanzas, Francesc Homs, rechazaba ayer mismo cualquier tipo de pago, el titular de Política Territorial, Pere Macias, negociaba posibles aportaciones con el visto bueno del conseller en cap, Artur Mas.

Artur Mas diseñó para este caso un plan a largo plazo: el Gobierno de la Generalitat podía realizar la aportación económica y aparecer ante la opinión pública como la formación que había conseguido sacar el proyecto de alta velocidad de un atolladero y llevarlo a Barcelona. Los intentos de disponer de la opinión de Mas resultaron ayer infructuosos.

En Convergència, donde las constantes derrotas electorales cosechadas en Barcelona aún duelen, hay seria preocupación porque los ciudadanos están teniendo la impresión de que el verdadero paladín de las infraestructuras que se deben construir en Cataluña (AVE, aeropuerto, etcétera) es Joan Clos y no el Gobierno catalán. Si las diferencias entre el Ayuntamiento de Barcelona y el Ministerio de Fomento en estos asuntos en general y en el del AVE en particular llegaran a un callejón sin salida por la exigencia de Fomento de una aportación económica, el Ejecutivo catalán podría anunciar su disposición a resolver el problema.

Todo se complicó porque la disposición del Gobierno autónomo a aportar dinero para la obra fue conocida antes de la cuenta. A partir de ahí, el PP vio el cielo abierto para pedir dinero y el Gobierno de la Generalitat ha terminado con Pujol negociando rebajas y aceptando pagar, sólo 15 horas después de que él mismo afirmara que no estaba dispuesto a poner una sola peseta para el AVE porque se trata de una obra que tiene que ser financiada enteramente por el Gobierno central.

Pujol hizo ayer juegos malabares para desdecirse de las afirmaciones efectuadas anteayer. Aseguró que, debido a la distancia (se hallaba en Marruecos), no estaba del todo al corriente y los periodistas le habían pillado 'con el pie cambiado'. Y añadió lo que es todo un vaticinio: 'Dije que en esto no vamos a pagar también peaje. Pero bueno, los peajes no nos gustan y los pagamos y gracias a ello hemos tenido autopistas muchos años antes que otras zonas de España'.

A continuación, Pujol aseguró que no hay discrepancias en el seno de su Gobierno.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 16 de febrero de 2001