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Reportaje:

Y el escultor es...

José Luis Fernández esculpe en su taller de Torrejón los Goya que entrega la Academia de Cine

Varios guardas de seguridad llegarán hoy, poco después del mediodía, a Torrejón, a un taller luminoso donde se afanan un escultor y 13 artesanos. Cargarán en su vehículo 25 cajas de cartón y partirán camino del Palacio de Congresos de Madrid. El contenido de las cajas, 25 estatuillas con el busto de Goya, atraerá esta noche miles de miradas. Son los premios que concede la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España a los mejores profesionales del año: los Goya. En una de las butacas del Palacio de Congresos, alguien ajeno al mundo del celuloide seguirá la ceremonia con atención. Es el escultor José Luis Fernández, el padre de las criaturas.

Fernández, un asturiano de 57 años afincado en Madrid desde que, con la mayoría de edad, llegó en busca de horizontes, cuenta que recibió el encargo de crear la estatuilla que premiase la excelencia de los cineastas hace más de una década, cuando presidía la Academia Antonio Giménez Rico. 'Me dijeron que fuese aparente y suficientemente ligero para que el ganador pudiese alzarlo con una sola mano. Hice un basamento que se adaptase a la palma, para que quien lo recoja pueda agarrarlo bien y sin que deje de verse al pintor. Es un diseño televisivo, que da bien ante la cámara', explicaba ayer Fernández ante las cabezas del genio ya empaquetadas.

Su primo estadounidense, el Oscar, ha derramado ríos de tinta. Es vox populi de dónde viene su nombre -se parecían al tío de una presidenta de la academia hollywodiense-, que es de bronce bañado en oro de 14 quilates y que es ya un venerable anciano. Pero del Goya se sabe poco. También es de bronce, no lleva baño dorado, sino una pátina verde conseguida con fuego y ácido; pesa entre dos y tres kilos, está hueco por dentro y se elabora con una técnica que ya usaban los egipcios, la fundición a la cera perdida, en un taller que acoge todos los pasos del proceso.

La firma del autor va bajo las chorreras de la pechera del pintor, y en el lateral la fecha -la del año de ejecución del busto, no la del premio-. En la peana, el epígrafe del galardón, pero no el nombre del galardonado. Como es lógico, no da tiempo a cincelarlo desde que se abre el sobre blanco que lo contiene hasta que sube al estrado el agraciado.

Los primeros Goya, obra de Miguel Berrocal, se entregaron el 17 de marzo de 1987 en el teatro Lope de Vega de Madrid, y eran más pesados. El de Fernández es un Goya ensimismado, el pintor sordo que decoraba con las pinturas negras las paredes de su casa de Carabanchel. Se inspiró en un busto del escultor valenciano Mariano Benlliure y en los autorretratos del artista. '¿Por qué Goya? No recuerdo que me lo hayan dicho, pero puede que sea porque es uno de los mejores narradores de la historia', aventura Fernández.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de febrero de 2001