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CARTAS AL DIRECTOR

Cocineros peligrosos

Ramón Díaz era cocinero. Seguramente, el mayor delito que cometió en su vida fue servir alguna sopa demasiado caliente o un filete poco hecho. Pero bastó eso para que ETA se molestara en seguirlo, tomar los datos de su coche y su vivienda, montar y armar una bomba, colocarla en el lugar preciso y en el momento oportuno y celebrar su explosión y la muerte de Ramón. Toda una proeza. Una guerra sin cuartel contra el imperialismo español y francés. ¿A quién le cabe duda alguna de que se trata de un problema de profunda raíz política? De toda la vida del Señor, asesinar cocineros ha sido una conocida y justificada acción de liberación de los pueblos oprimidos. A pesar de que me consideren un reaccionario, yo estoy con Ramón.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 1 de febrero de 2001