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Cambios esenciales sobre los criterios de la unión

El paso del tiempo va puliendo política y financieramente las condiciones de la gran fusión, hasta el punto de que buena parte de las condiciones iniciales son irreconocibles. Hay múltiples ejemplos. Por ejemplo, Martín Villa y su consejero delegado, Rafael Miranda, defendieron a capa y espada la propiedad intransferible de los costes de transición a la competencia (CTC). 'Son nuestros y no renunciamos a ellos', aseguró el presidente. Hoy se guarda un prudente silencio sobre

el particular.

Hay cambios de criterio más significativos. Los directivos

de Endesa -que son prácticamente los únicos que han aparecido públicamente para explicar la operación- detallaron en sus road shows para inversores que la empresa fusionada se desprendería de los activos sobrantes mediante 'intercambios de activos con empresas del sector que tuvieran un comportamiento constructivo'. La presión ejercida desde muchos sectores para que el procedimiento sea de subasta, no ha recibido respuesta pública contundente de parte de las compañías. A eso se llama premiar a los buenos y castigar a los malos.

Otro cambio significativo es el que puede detectarse en torno a la cuota de distribución. Endesa aceptó fácilmente que la cuota de mercado de generación se limitaría aproximadamente 'a la misma que tiene ahora Endesa'. Pero en cuanto al número de clientes, su idea era clara. 'Ni tanto como las dos empresas juntas, ni tan poco como una sola de ellas'. En los road shows para presentar la operación, los directivos de Endesa precisaron algo más. Calculaban que se quedarían aproximadamente con el 60% del mercado. Bien, pues parece que el Gobierno tiene como límite máximo el 50%, y es más que probable que no alcance ese máximo. No hay reacción oficial de la empresa a estas limitaciones, aunque en alguna comparecencia pública en los medios de comunicación tanto Martín Villa como Oriol han llegado a sugerir que algunas condiciones 'rigurosas' podían impedir la fusión. No parece que ésta sea una amenaza que el Gobierno se toma demasiado en serio; quizá porque en economía saben que éste es el gran proyecto vital de Oriol y Martín Villa y no renunciarán fácilmente a él.

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