Crítica:FÚTBOL | 17ª jornada de LigaCrítica
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Angustiosa victoria del Barça en el Tartiere

Los azulgrana, que ganaban 3-0, acaban pidiendo la hora ante un Oviedo que pierde por primera vez en su estadio

El Barcelona se reivindicó en un campo que hasta ayer era un fortín inexpugnable. El Oviedo se rebeló decididamente a la derrota, pero a los azulgrana les valió su fulgurante comienzo. El Barça apenas tardó ocho minutos en poner su tren sobre los raíles del triunfo en un engarce de estrellas culminado por un taconazo de Kluivert. En menos de un cuarto de hora ya tenía el partido aparentemente en el bolsillo, al pescar Rivaldo un rechace en un córner botado por Guardiola. El Barça abrió el año bien agarrado al vagón de aspirantes y dejando en Oviedo un poso de solvencia, mezclado con mil sudores para defender una ventaja que se empeñó en neutralizar. La noticia en el apremiado bando azulgrana, además de un desmedido afán de Rivaldo por ser sublime en cada contacto con el balón, estuvo en la aparición de Overmars en el nivel que se le supone.

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El holandés destrozó al Oviedo durante una hora con su proverbial mezcla de verticalidad y buen criterio, hasta ahora inédita como azulgrana. El terreno se lo allanó un Oviedo que juega con cuatro centrales en la cobertura. El parche le viene funcionando a Antic en el Tartiere, pero ayer tuvo que vérselas con dos extremos clásicos, pegados a la banda y rápidos como centellas.

El Oviedo opuso una defensa blanda ante el lustroso ataque azulgrana, pero con todo en contra desde el principio fue un equipo tan generoso como lleno de fe y no exento de inspiración. Su espíritu rebelde deparó una gran noche de fútbol en la que no faltó a la cita la polémica, cuando pasada la primera media hora un cabezazo de Oli se le escurrió a Reina y éste lo palmeó bailando sobre la línea.

La sociedad Rivaldo-Overmars tuvo al Barcelona muchos minutos a las puertas de la goleada. Llevó su firma un contraataque que el holandés acabó estampando en el poste, tras una fabulosa asistencia del brasileño. El descanso llegó con la sensación de que al Barça le faltaba sólo una vuelta de tuerca, un punto de definición para demoler la última resistencia azul. Cuando Kluivert, en otro saque de esquina de Guardiola cabeceó el 0-3, el partido aparentaba estar listo para el finiquito.

Pero el Oviedo se sabe tan fuerte en el nuevo Tartiere, donde ya ha protagonizado grandes remontadas, que le basta un guiño de la fortuna para escalar una montaña. Tuvo la suerte de no vivir más que unos pocos minutos con el elocuente lastre del 0-3. Onopko abrió su largo repertorio del segundo tiempo con un certero remate de los que no prodiga y, antes de que el Barça se ajustara de nuevo el traje de faena, tenía al rival colgado del cuello, gracias a uno de esos goles que resucitan a un muerto.

Iván Ania recibió a unos metros de la frontal del área, acomodó la zurda, ajustó el periscopio y metió su parábola por la escuadra. Desde entonces, el Barcelona tuvo que vivir casi media hora sentado sobre un polvorín. Antic se la había jugado con Paunovic y Moller y el Oviedo preparó el gran asedio, al que el equipo de Serra Ferrer puso mal remedio, a pesar de la entrada de Petit por Gerard, sobre todo cuando a Overmars se le vació el depósito de gasolina. El guardameta Reina, que en el primer tiempo se había lucido en un par de ocasiones, vio sobrevolar el empate sobre su área y se hartó de mirar a Oli y a Moller cabeceando centros en el punto de penalti que se perdieron rozando los postes de su portería. Tanto se repitió esa jugada, y la posibilidad de un empate azul, que Reina y sus compañeros no pudieron sino suspirar de alivio cuando el árbitro puso fin al asedio y todos dieron la misión por cumplida.

El Barça de comienzos de año admite varios análisis. La inspiración de sus estrellas, y en especial el hallazgo de un Overmars en estado de gracia, invitan a pensar que la distancia que les separa del líder, cinco puntos, no es en absoluto insalvable. Las dudas se centran en la facilidad con que el equipo se desploma, o al menos se tambalea, cuando se le viene encima el menor revés. Aunque ayer era previsible que el Oviedo se lo jugara todo por no verse muerto en el primer cuarto de hora de partido, lo cierto es que al equipo de Serra Ferrer le había pasado lo mismo en su propio Camp Nou, justo antes del paréntesis navideño.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0007, 07 de enero de 2001.

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