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Entrevista:JUAN JOSÉ FERNÁNDEZ | AMIGOS Y VECINOS | AMIGOS Y VECINOS - JUAN JOSÉ FERNÁNDEZ

'Los coleccionistas de arte son meros inversores'

Pregunta. Cierras La Santa, tu centro de arte contemporáneo, en junio de este año. Pero eso no significa que te retiras, ¿no?

Respuesta. No, qué va. De hecho, le tenemos echado el ojo a un local estupendo, aquí mismo, en el Born. Lo que fue a finales de la década de 1970 el club La Ceca. ¿Te acuerdas de ese sitio?

P. Me acuerdo, sobre todo, de los cubos de agua que nos lanzaban los vecinos airados cuando intentábamos entrar a tomar algo a las tantas.

R. Pues ese edificio es municipal, así que ahora estamos en conversaciones con el Ayuntamiento para ver si nos podemos hacer cargo de él como espacio para el arte contemporáneo. Hay algunos problemas, relativos, como te puedes imaginar, a quién financia la rehabilitación y ese tipo de cosas, pero espero poder llegar a un acuerdo. No es que me quiera echar flores, pero gracias a La Santa este barrio recuperó el tono que tenía cuando tú y yo éramos jóvenes.

Editor de prensa alternativa en las décadas de 1970 y 1980, y galerista en la de 1990, busca nueva sede para La Santa y prepara una revista gratuita

P. ¿Cuánto hace de la creación de La Santa?

R. Unos siete años y medio, más o menos. En esa época conocí a Gigi Riveros, mi socia, que es chilena y había aterrizado en Barcelona después de una larga estancia en Suiza. Con ella conocí otra Barcelona, una Barcelona alternativa y joven compuesta, básicamente, por extranjeros. Gente interesada en el arte que organizaba fiestas, performances y todo tipo de actividades lúdico-creativas. Me enganché a su historia y así nació La Santa, un proyecto dirigido más a la gente en general que a los coleccionistas en particular. La verdad es que yo no he visto a un coleccionista en La Santa durante todos estos años. Y tampoco lo lamento. La verdad es que llamamos coleccionistas a lo que en realidad son meros inversores, a gente que sólo compra en función de lo que puede ganar a la larga. En fin, me temo que los coleccionistas siempre han sido así, aunque quede muy bien decir que gracias a ellos el arte ha sobrevivido.

P. ¿Y cómo habéis sobrevivido?

R. De varias maneras. Con ventas. Con subvenciones. Con patrocinio empresarial. Eso sí, de la Generalitat nunca hemos recibido ni un duro. A esa gente se le llena la boca con la cultura, pero no sé muy bien qué es lo que entienden por cultura. Igual se refieren a la cosa esta simiesca de subirse uno encima del otro, lo de los castellers.

P. ¿No es un poco arriesgado dejar este local de la calle de Guillem sin tener segura La Ceca?

R. Bueno, la empresa ha evolucionado y ya no nos es tan necesario disponer de un local. Y además éste se había quedado pequeño para los planes que tenemos entre manos. Ha cumplido su función, especialmente en la época en que cada jueves teníamos una performance y esto se llenaba de gente. En los últimos tiempos hemos evolucionado hacia otro tipo de asuntos, hacia una especie de comisariados para proyectos concretos, como la exposición que montamos sobre el nuevo arte suizo o la estética Michelin. Por cierto, estamos preparando una segunda edición ampliada del homenaje al mundo Bibendum. Con nuevos artistas españoles y extranjeros. Evidentemente, nuestro amigo Pere Joan, que siempre ha estado obsesionado por el personaje de los neumáticos, ya se ha apuntado.

P. En la década de 1970 fuiste el más notorio editor underground con la revista Star.

R. Y luego edité el tebeo Bésame mucho, que primero coordinaste tú y luego Ignacio Vidal-Folch. ¡Y del que nadie habla nunca!

P. ¿No echas de menos el editar revistas?

R. Voy a volver a la carga este año con una revista gratuita. Aún no puedo decirte exactamente de qué va, pero sí que no es como las que existen. Me hace bastante ilusión. Pero claro, el planteamiento es diferente al que podría haber tenido el Star si no me hubiera visto obligado a cerrarlo en 1980.

P. ¿Tan mal estaban las cosas?

R. Mira, yo no quería seguir haciendo una revista underground. Yo quería convertir Star en algo como la norteamericana Rolling Stone o la francesa Actuel, que en paz descanse. Y no me salieron los cálculos: no había publicidad, no había patrocinio, eran otros tiempos. Y monté el Bésame mucho, aunque la verdad es que ya me olía que esto de los tebeos, desgraciadamente, no tenía mucho futuro. Podría haberme emperrado en seguir editando cómics y prensa alternativa, pero lo cierto es que nunca he sido un creyente de nada. Y para algunas cosas hay que tener demasiada fe.

P. Hablando de fe, ¿por qué bautizasteis vuestro invento como La Santa?

R. Eso tiene un origen peculiar. La editorial de mi padre, ya clausurada, se dedicó durante un tiempo a la edición de libros de encargo. Venía la gente a verte, decía lo que quería, se le hacía un presupuesto y adelante. No sé por qué empezaron a aparecer congregaciones marianas de Madrid, monjas de Zaragoza y demás, con lo que, de repente, nos encontramos dedicados a los libros piadosos. Así que cuando Gigi y yo montamos La Santa ése fue el nombre que nos pareció más adecuado.

P. Supongo que recuerdas con agrado tu época underground.

R. Sí, claro, aunque es curioso que nunca se acuerden de nosotros. Es como si no hubiéramos estado durante la transición. Es cierto que políticamente no nos hicimos notar mucho, y tal vez por eso otros han escrito la historia. Pero a un nivel social y cultural los alternativos pusimos nuestro granito de arena. A mí también me secuestraron la revista varias veces. Y me clavaron buenas multas. Con un especial del Gato Fritz, de Robert Crumb, por ejemplo; o cuando nada más morirse Franco publicamos aquella portada de Montxo Algora que era una especie de sarcástico retrato pop del general. Creo que Star es una revista que, entre su nacimiento en 1974 y su defunción en 1980, contribuyó a definir una época. O, por lo menos, un determinado punto de vista sobre esa época.

P. ¿Conservas intacto tu amor por la música pop?

R. Bueno, tengo casi 50 años y es posible que no esté muy al día. A veces oigo cosas que me interesan. Pero la verdad es que lo que más me apetecería sería poder pasar al formato digital todos mis discos rayados de vinilo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de enero de 2001