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El Atlético recupera la sonrisa

Los rojiblancos logran frente al Extremadura su primera victoria fuera de casa

Tras el habitual ejercicio de sufrimiento, lo que no deja de ser costumbre de la casa, el Atlético adecentó su rostro y pintó en él una sonrisa. Lo hizo tras vencer al Extremadura en un partido en el que mejoró su juego, lo que no era demasiado difícil, y en el que atrapó su primera victoria fuera de casa. Acabó el choque protegiendo a Toni, encerrado, aguantando las acometidas de un Extremadura cuya puesta en escena resultó cuanto menos soprendente, al convertirse en el primer rival que trató al Atlético de usted, con un respeto enorme. ¿Por qué? Se supone que no sería por los antecedentes de los de Marcos.Bajo esa premisa el Atlético comenzó tranquilo la tarea. Esperó a ver qué hacía el Extremadura, éste esperó a ver qué hacía el Atlético y viéndose el uno al otro hubieran estado los 90 minutos si Hugo Leal, el mejor del partido junto a Aguilera, no decide lo contrario. Corría el minuto 13 cuando, tras un robo en el centro del campo, el portugués adivinó el desmarque de Correa y le regaló el balón para que éste pusiera el broche a tan magnífica acción.

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Extremadura: Gaspercic; Óscar, Kalla, Félix, Poli; Ismael, Pedro José (Urraca, m. 65), Jesús (Walter Pico, m. 77), Jorge; Duré (Manuel, m. 58) y David Karanka.Atlético: Toni; Santi, Hibic, Hernández; Njegus, Juan Gómez; Aguilera (Roberto, m. 90), Hugo Leal, LLorens; Correa (Juan Carlos, m. 80) y Salva. Goles: 0-1. M. 13. Hugo Leal recupera el balón en la línea de tres cuartos, lanza al hueco a Correa que con habilidad supera al portero y para, con la derecha, colar el balón cerca del poste izquierdo. Árbitro: Paradas Romero. Amonestó a Duré, Kalla, Aguilera, Njegus, Salva y Hugo Leal. Unos 6.000 espectadores en el Francisco de la Hera de Almendralejo.

No podía encontrar el Atlético mejor forma de arrancar. Llegaba el momento de echarle calma al asunto, de dormir el partido, de tocar la pelota. De hacer lo contrario de lo que hizo, por ejemplo, Njegus, tan esforzado como precipitado, que hizo un par de entradas a destiempo que pudieron mandarle a la calle. El Atlético no fue capaz de sacudirse la urgencia y por eso, sólo por eso, lo acabó pasando mal. Marcos se desesperó intentando que su defensa no se echara atrás y atrás se fue su defensa. Sin embargo, el empuje de Aguilera y el sentido común de Hugo Leal permitieron al cuadro madrileño acumular ocasiones con reiteración... y mandarlas al garete con igual reiteración. Al Atlético le dio por perdonar y su rival, por aquello de que a la fuerza obligan, se vino arriba. Sin fútbol, eso sí, pero con enorme empeño en aquello del bombardeo. Esperaba el Extremadura que al Atlético le entrara el tembleque, pero aguantó éste con cierta entereza y recibió con alivio el pitido del árbitro, que puso fin al innecesario sufrimiento de un equipo que, por fin, fue capaz de respetarse a sí mismo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 12 de noviembre de 2000