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Un frontón insalvable

El portero del Cádiz Armando, con sólo tres goles encajados, es el menos batido de España

,El nombre de Armando Ribeiro de Aguiar Malda parece más el de un delantero habilidoso brasileño que el de un portero que les amarga la vida. Como guardameta del Cádiz ha desviado los disparos de nueve de los 12 equipos que se han enfrentado al Cádiz en lo que va de competición en la Segunda División B. Sólo tres jugadores de equipos contrarios le han perforado la portería. Uno de ellos, para más mérito, de penalti. Pero ninguno de ellos hizo perder al Cádiz.

Su logro es aún mayor porque cubre los tres palos de un equipo modesto, el Cádiz, que ha dejado atrás su época de gloria en la Primera División. El conjunto vuelve a apostar por los jugadores de la cantera, como en su día fueron Kiko, Arteaga, Juan José, Quevedo o Calderón.

No viste de negro, pero emula a su gran ídolo, José Ángel Iríbar, que vive donde nació el guardamenta del Cádiz, Sopelana (Vizcaya).

Armando puede presumir en estos momentos de ser el Zamora, distinción del portero menos goleado, entre los más de 120 equipos que juegan en las tres primeras divisiones del fútbol español.

Armando reparte elogios y méritos. "Todos los compañeros aportan su granito de arena. Están haciendo un trabajo formidable y a ellos les debo esta estadística", explica.

También elogia a los porteros suplentes del Cádiz, Ramón y Navas, y a su entrenador, Ángel Férez, quien, ya retirado, va camino de cederle el testigo a Armando como uno de los ídolos de la afición cadista bajo los palos.

Casado, con dos hijos, su vida es la de un trotamundos del fútbol. Sus mayores éxitos se los debe al Alavés. En este club, ascendió a la Primera División. Incluso disputó una semifinal de la Copa del Rey frente al Barcelona.

Con el Cádiz, confiesa sentirse "muy identificado". Este equipo, pese a las dificultades, es uno de los pocos que todavía no han perdido un partido.

Armando ha asimilado la situación con prudencia y, lejos de aprovechar el momento, recuerda algunos malos momentos que ha sufrido en su vida deportiva.

Hace tres jornadas pasó por uno de los momentos más difíciles. Cumplido el tiempo reglamentario en el partido de máxima rivalidad provincial, contra el Xerez, en el estadio Carranza, un penalti dudoso estuvo a punto de echar por tierra su trayectoria de esta temporada. Pero lo evitó. Desvió un balón envenenado. Los 11.000 aficionados que asistieron al partido -más que el número de espectadores en muchos partidos de Segunda y Primera, aclamaron y corearon su nombre. Fue el premio a una máxima pena parada y a una trayectoria impecable en las tres temporadas que acumula de militancia en el Cádiz.

Su contrato finaliza el 30 de junio. Algunos equipos le han echado el ojo. Pero él lo tiene claro. "Si quieren que siga, estaría encantado de retirarme en el Cádiz", afirma Armando, convencido de que el conjunto andaluz, por historia y afición, "debe recobrar viejos bríos y ascender en breve a la Segunda". "Incluso a Primera", puntualiza.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 7 de noviembre de 2000