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Los familiares de las víctimas del submarino 'Kursk' se oponen al rescate

La plataforma noruega Regalia ya está en el lugar del hundimiento del submarino atómico Kursk y la ciudad de Múrmansk, base de la flota rusa, ahora vive una espera irritada y temerosa. Irritada, porque la mayoría de los familiares de la tripulación prefiere que el mar de Barens sea la tumba de sus seres queridos. Y temerosa, porque muchos creen que, si se recupera lo que queda de ellos, eso sólo servirá para exacerbar los ánimos y conmocionar más a la población. Setenta y tres familiares han suscrito una carta en contra del rescate .

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Promesa de Putin

Los especialistas sostienen que, primero, no es seguro encontrar cuerpos como tales: la primera y segunda cámara del Kursk prácticamente no existen y las que le siguen sufrieron grandes daños. La explosión que se produjo en el Kursk el 12 de agosto pasado, con 118 tripulantes abordo, convirtió la parte delantera del submarino en un masa de metal en la que será difícil entrar y donde sólo podrán hallarse partes de lo que fueron los marinos: un brazo por aquí, una pierna por allá, una cabeza por otro lado."¿Para qué recuperar esos trozos? Será horrible. ¿Por qué no dejarlos descansar en paz en el fondo del mar?", exclama Viacheslav, un marino que en un corro de hombres discute el tema en la plaza frente a la Duma Provincial de Múrmansk.

Pero si encuentran cuerpos enteros, los buzos, según los expertos, puede que tengan que pasar por una prueba de fuego al llevarlos a la superficie. El submarino permanece ahora a poco más de cien metros de profundidad. El conocido escritor Víktor Konetski, ex marino y socorrista, advierte de que al subirlos desde más de cien metros de profundidad los cuerpos pueden explotar debido a la presión.

En cualquier caso, hay prácticamente unanimidad en que en las primeras cinco o siete cámaras no habrá cadáveres; sólo restos deformados por la explosión y comidos por los peces. Y la mayoría de la tripulación precisamente se debía encontrar en esas cámaras; en las tres restantes podía haber no más de veinte marinos."Creo que no deberían subir los restos de la tripulación. La operación es técnicamente difícil y moralmente incorrecta", opina el vicealmirante retirado Panteléyev, que ahora dirige una importante empresa en Múrmansk. "Pero el presidente lo ha prometido", agrega. Efectivamente, Vladímir Putin, cuando se reunió en agosto en la base militar de Vidiáyevo con los familiares de las víctimas, juró a las esposas y madres de los marinos del Kursk que recuperarían los cuerpos atrapados en el submarino. Pero ahora la mayoría de los familiares de la tripulación opina que no hay que tocar los restos de sus seres queridos que descansan en el fondo del mar de Barens.

Por ello sólo familiares de cinco tripulantes han llegado a la base militar. La posición de los parientes que decidieron quedarse en sus ciudades y no viajar a Múrmansk la explica Valentina, viuda de un oficial fallecido en el Kursk: "Si realmente se desea recuperar los restos de nuestros marinos, entonces hay que reflotar el submarino, pero no enviar a los buzos para sacar los pocos cuerpos que puedan quedar íntegros". Esgrimiendo este argumento, militares y expertos tratan de influir en Putin para que no obligue a cumplir su promesa y permita que no se suban los cadáveres. Pero el verdadero objetivo de la operación, según una divulgada opinión, puede ser el ocultar los secretos del modernísimo torpedo que había en el Kursk, el cual era capaz de desarrollar una velocidad de 360 kilómetros por hora. Ésta sería la razón por la que no se permitirá entrar en el sumergible a los buzos noruegos y se reservará este honor a los rusos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 23 de octubre de 2000

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