Tribuna:LA HORMA DE MI SOMBREROTribuna
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Noticias de Andrea Camilleri JOAN DE SAGARRA

"Firmemente decidido a no caer en la tentación, pasó como un bólido a 120 por hora por delante del restaurante en el que se había dado un atracón a la hora del almuerzo. Pero medio kilómetro más allá, la decisión se resquebrajó de golpe y lo indujo a frenar, dando lugar a unos furiosos bocinazos del claxon del coche que circulaba detrás. El conductor, en el momento de adelantarlo, lo miró enfurecido y le hizo el gesto de los cuernos. Montalbano efectuó una cerrada vuelta en u absolutamente prohibida en aquel tramo de la carretera, entró directamente en la cocina y le preguntó al cocinero sin saludarlo: ¿Cómo guisa usted los salmonetes de roca?".Txell Torrent, jefa de prensa de Emecé Editores, me hace llegar una copia, sin corregir, de El ladrón de meriendas (Il ladro di merendine), de Andrea Camilleri, "que l'editorial publicarà d'aquí a unes setmanes". Y añade: "Espero que la disfruti". Y tanto que la he disfrutado, Txell. I tant! Aunque, posat a fer de torrecollons, o de pedante, te diré que en "le hizo el gesto de los cuernos" (gli mostrò le corna), me sobra "el gesto", y que eso de "le preguntó al cocinero" (spiò al cuoco), el verbo preguntar se me antoja una pizca débil ante la puñetería siciliana y la gazuza historicovisceral del comisario Montalbano.

Pero lo cierto es que me lo he pasado muy bien. "Ma lei, le triglie di scoglio, come le cucina?". "¿Cómo guisa usted los salmonetes de roca?", en la traducción correcta, demasiado correcta de Emecé (los salmonetes de roca se cocinan, se preparan, se hacen, amén de guisarse). "Ma lei, le triglie di scoglio, come le cucina?" Entre las no pocas virtudes de la literatura de mi buen amigo Andrea Camilleri, una de las principales, por no decir la primera, es que me abre el apetito, el apetito siciliano. Así que, después de leerme, en castellano, esa copia, sin corregir, de Il ladro de merendine, tercera novela del comisario Montalbano, me entró una gazuza tan visceral, a falta de histórica, como la del propio comisario. Una gazuza siciliana. Concretamente, de arroz con chipirones. Pero no encontré chipirones y me tuve que conformar con un baccalà alla sicilliana, cu sugu. Me fallaron los tomates, pero me defendí con las olivas, negras, y el plato me salió más que decente.

La literatura de Camilleri me abre el apetito, siciliano, ya sea en su jerga original ya sea traducido a cualquier otro idioma latino. Acostumbro a leerlo en el italiano sporco de Andrea, relleno de un siciliano familiar, sumamente original -el de su padre-, que ni el mismísimo Sciascia comprendía -y yo infinitamente menos-; en castellano, en catalán y en francés (dentro de poco voy a probar con el portugués, y el rumano, en el caso de que esté traducido a esta lengua, que me agrada). De las traducciones, prefiero las castellanas, luego las catalanas -que podrían mejorar, como las castellanas-, y en último término, las francesas, las cuales, hay que decirlo, son las mejores. Lo son, sí señor. Cuando Serge Quadruppani traduce al francés Il birraio di Preston (L'opéra de Vigàta), lo hace intentando -y lo consigue- que los personajes de la novela de Camilleri que se expresan respectivamente en florentino, en milanés y en romano lleguen como tales, dialectalmente hablando, al lector francés, cosa que Juan Carlos Gentile Vitale, traductor de la misma obra al castellano (La ópera de Vigàta, Destino, julio 2000) no logra, pero, a pesar de ello, el texto cojitranco de Gentile Vitale me acerca a mí, barcelónes-napolitano, más al lenguaje, a la jerga paterna de Andrea, que la performance traductora, y digna de elogio, de Quadruppani. Y es que en francés, la Sicilia, la Sicile de Guy de Maupassant, suena más a Mazarin, con su tufillo cardenalicio, que a la villa siciliana donde solía tomar el aperitivo el judío del padre del cardenal Mazarin.

"Ma lei, le triglie di scoglio, come le cucina?" Yo los hago a la parrilla, con una picada de ajo y perejil. Y a Camilleri lo leo, lo disfruto en su italiano sporco, en el lenguaje de su padre, vecino de Porto Empedocle, regado, como los salmonetes, con un Corvo blanco.

Más noticias de Camilleri. El responsable del liceo de Ispica (Sicilia) ha decidido sustituir la lectura y comentario de texto, obligatorios, de I promessi sposi, de Manzoni, por el de Il birraio de Preston, de Andrea Camilleri. Total, que los chavales y chavalas del liceo de Ispica, hartos de preguntarse cómo iban a maridarse -¿canónica, no canónicamente?- la triste pareja de Renzo Tramaglino y Lucia Mondella, mientras el capuchino Cristòforo escucha al taimado don Rodrigo y a sus nobles familiares entretenerse sobre el futuro que les aguarda a Richelieu y a nuestro conde-duque, los chavales y chavalas del liceo de Ispica -repito- van a pasárselo en grande leyendo y comentando uno de los grandes polvos de la Sicilia de este siglo: el de Concetta Riguccio y el bello Gaspano, con su solo ojo, azul, de un azul intenso, y su verga mitológica, siciliana. El bueno de Andrea Camilleri, en una carta dirigida al colega Alessandro Manzoni y publicada en La Stampa, mientras se da con el puño en el pecho y entona el "Domine, non sum dignus", parece mostrarse la mar de encantado, tal como le hubiese sucedido a Martí i Pol si en vez de no darle el Premio Nobel de Literatura le hubiesen regalado una camiseta del Barça.

Y más noticias de Camilleri. La última. En la librería Laie he encontrado un ejemplar de La testa ci fa dire. Dialogo con Andrea Camilleri, de Marcello Sorgi (siciliano, periodista, director de La Stampa). Un libro espléndido (Sellerio editore, Palermo, 1.500 pesetas) que recomiendo a todos los amigos de Andrea. Y termino con él: "Un escrittore non può essere un eroe positivo", le dice Andrea a Sorgi. Y añade: "Io sono molto grato a Leonardo Sciascia, anche se nulla mi lega a lui, per aver parlato di scetticismo illuministico per descrivere lo stato d'animo dello scrittore. Diceva Montaigne che anche se sali sul più alto degli alberi, sempre il culo fai vedere!" (la cursiva es mía).

"Ma lei, le triglie di scoglio, come le cucina?". Un grato tipo, Andrea Camilleri. ¿Pasará la tele la serie que en mayo del pasado año pasó la tele italiana sobre Il commissario Montalbano? Y, de no ser así, ¿podrían pasárnosla en el Instituto Italiano, para los amigos de Camilleri? Yo me encargo de los salmonetes, del bacalao, de lo que sea, en mi condición de pinche, solícito y respetuoso pinche del gran cuoco Sandro Castro, de Catania, otro buen amigo de Andrea. "Ma lei, Sandro, le triglie di scoglio, come le cucina?".

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 14 de octubre de 2000.

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