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VUELTA 2000 Octava etapa

Dudas para Sydney

"Sí, en principio no me afectará para participar en los Juegos Olímpicos de Sydney". El "sí" del cántabro Óscar Freire no se hacía ayer tan creíble como de costumbre. Cada afirmación suya estaba mediatizada por un gesto de sufrimiento e incertidumbre un tanto dudoso.Al bajar del autobús de su equipo, el Mapei, en la meta de Port Aventura, decía que aún le queda tiempo para prepararse para los inmediatos Juegos Olímpicos y que todavía sueña con una victoria para dedicársela a la afición de Cantabria. Esa afición frente a la que, en contra de lo que había previsto, ya que no se podrá despedir en esta Vuelta.

Pero también asumía sus problemas: "Me han mirado mil médicos y no saben a ciencia cierta qué tengo. Cuando llegue a casa llamaré a los médicos del Mapei para ver qué me comentan". Habrá que esperar para despejar las dudas.

Una cara más relajada, como de haberse quitado un peso de encima, presentaba el abulense del Banesto José María Jiménez. Él mantenía la misma explicación que la semana pasada para justificar su inscripción: "Hace cinco o seis años que la Vuelta me ha dado mucho. En esta ocasión también lo he intentado, pero el deporte no son matemáticas".

Eusebio Unzúe hacía cuentas y, en caliente, el director del Banesto sumaba así: "Empezamos la Vuelta a España con ocho corredores y ahora seguimos con ocho". En definitiva, para Unzúe el Chava no existió nunca.

En realidad, era la constatación de una realidad. Pero el tono daba a entender un enfado monumental. "No hace falta perder más el tiempo con él. Ya no está en la Vuelta. Pasemos a otra cosa", respondía con evidente disgusto. Ya en la meta, Eusebio Unzúe, de natural pausado, volvió a su ser.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de septiembre de 2000