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LA OFENSIVA TERRORISTA

ETA reanuda su ofensiva con el asesinato de dos guardias civiles en Huesca con una bomba lapa

Los partidos democráticos olvidan sus diferencias y cierran filas ante el acoso de los violentos

ETA reanudó ayer su ofensiva, la más sangrienta de los últimos años, asesinando a dos jóvenes guardias civiles en la localidad oscense de Sallent de Gállego. Una bomba lapa con 10 kilos de explosivos estalló bajo su Nissan Patrol cuando Irene Fernández Pereda y José Ángel de Jesús Encinas se disponían a iniciar su habitual ronda. La reacción de condena fue unánime entre las fuerzas democráticas que, por una vez, dejaron de lado sus diferencias para hacer frente a la barbarie. Mientras ETA volvía a asesinar, sus simpatizantes homenajeaban a los etarras muertos por su propia bomba. La policía vasca, por orden judicial, impidió que entraran en el Ayuntamiento de Hernani (Guipúzcoa).

Un estampido seco, similar a un trueno, despertó a las 6.10 horas de la mañana de ayer a los vecinos de la localidad de Sallent de Gállego, en el Pirineo de Huesca. Una potente explosión había destrozado el Nissan Patrol en el que dos guardias civiles -Irene Fernández Pereda, de 32 años, natural de Las Agüeras (Asturias) y José Ángel de Jesús Encinas, de 22, nacido en Talavera de La Reina (Toledo)-, se disponían a iniciar su habitual ronda de vigilancia.

Máxima alerta

Un estampido seco, similar a un trueno, despertó a las 6.10 horas de la mañana de ayer a los vecinos de la localidad de Sallent de Gállego, en el Pirineo de Huesca. Una potente explosión había destrozado el Nissan Patrol en el que dos guardias civiles -Irene Fernández Pereda, de 32 años, natural de Las Agüeras (Asturias) y José Ángel de Jesús Encinas, de 22, nacido en Talavera de La Reina (Toledo)-, se disponían a iniciar su habitual ronda de vigilancia. Ella perdió la vida en el acto, mientras que él falleció algo más de dos horas después, tras ingresar en el hospital de San Jorge de la capital oscense con gravísimas heridas.Con la muerte de Irene Fernández, la primera agente de la Guardia Civil asesinada por ETA, y su compañero ascienden a 11 las víctimas mortales de la organización terrorista desde que ésta consumó la ruptura de su tregua, en enero pasado. Sólo en los dos últimos meses, ha asesinado a seis personas, lo que convierte este verano en el más sangriento de los últimos siete años. El último crimen lo cometió el pasado día 9, cuando mató en Berriozar (Navarra) al subteniente del Ejército Francisco Casanova.

Amenazas a la prensa

Tanto el director de la Guardia Civil, Santiago López Valdivielso, que se desplazó de inmediato a la localidad, como el ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, que acudió a la capilla ardiente por los dos guardias, instalada por la tarde en Huesca, dijeron que la "hipótesis más probable" es que los autores del atentado procedieran de Francia, a donde habrían huido tras cometerlo.

Debido a la proximidad de la frontera, el puesto de Sallent de Gállego se encontraba en "máxima alerta". Sin embargo, y aunque ETA ya atentó contra el mismo cuartel en agosto de 1997, sin producir daños personales, las actuales instalaciones de la Guardia Civil, pendientes de ser sustituidas por otras nuevas desde hace una década, carecían de aparcamiento, lo que obligaba a dejar su único vehículo en la calle. Ello facilitó la labor de los etarras, que adosaron a los bajos del Nissan una bomba lapa con unos 10 kilos de explosivo.Al contrario de lo que ha sucedido tras los últimos atentados, el de ayer no provocó un cruce de acusaciones entre las fuerzas políticas, especialmente entre las nacionalistas y las no nacionalistas, sino un cierre de filas frente a la última barbarie terrorista.

Mayor Oreja reveló que había hablado ayer mismo con el lehendakari Juan José Ibarretxe y con el consejero vasco de Interior, Javier Balza, a quienes felicitó por la actuación de la Ertzaintza, que el sábado detuvo a tres presuntos miembros del comando Araba, a los que requisó casi 30 kilos de dinamita, y ayer evitó por la fuerza que los simpatizantes de ETA utilizaran, saltándose la prohibición del Tribunal Superior del País Vasco, el Ayuntamiento de Hernani (Guipúzcoa) para homenajear a uno de los etarras fallecidos el pasado día 7 en Bilbao al estallar los explosivos que transportaban.

El ministro fue un paso más allá al recoger el guante lanzado por el portavoz del Gobierno vasco, Josu Jon Imaz, quien se mostró dispuesto a excluir a Euskal Herritarrok (EH) de una eventual mesa de diálogo entre los partidos vascos mientras no condene la violencia. "Eso supone volver al periodo de Ajuria Enea", replicó Mayor, "y todo lo que sea recuperar el espíritu de Ajuria Enea está bien visto por el Gobierno de España".

El cambio de clima en la hasta ahora crispada relación entre el PNV y el Gobierno central tuvo su primer síntoma el pasado viernes, cuando el ministro del Interior convocó una ronda de consultas con los grupos parlamentarios del Congreso, incluido el vasco, para intentar recuperar la unidad de los demócratas frente a la escalada terrorista.

El secretario general de los socialistas vascos, Nicolás Redondo Terreros, pidió al Ejecutivo que acelere estos contactos, previstos inicialmente para finales de agosto y principios de septiembre, y que se imponga "sin complejos el Estado de Derecho".

Las manifestaciones de repulsa fueron inmediatas y llegaron desde todos los rincones de la sociedad, empezando por el Rey, quien remitió un telegrama a las familias de las víctimas del "brutal y cobarde" atentado de ETA.

El portavoz del Gobierno vasco, Josu Jon Imaz, leyó una declaración institucional en la que calificaba el doble atentado de "crimen repugnante". "ETA, en su alocada carrera", agregó, "está contra todos. Contra la sociedad vasca y contra la sociedad española". El Ejecutivo de Vitoria ha convocado para mediodía de hoy concentraciones de repulsa ante las sedes de las instituciones vascas. También han llamado a la movilización ciudadana la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) y organizaciones no gubernamentales, como Gesto por la Paz o el Movimiento contra la Intolerancia.

Por su parte, el Gobierno de Aragón declaró ayer tres días de luto oficial. Aunque los responsables de Interior desvincularon este atentado de otros episodios acaecidos en la misma comunidad autónoma, ésta se ha convertido en uno de los escenarios preferidos por ETA para desplegar su actividad criminal.

Hace sólo una semana se descubrió un coche cargado con 100 kilos de explosivos en Benabarre (Huesca) y el pasado 27 de julio fueron detenidos dos presuntos etarras en Zaragoza.

La capilla ardiente de los dos guardias civiles quedó instalada ayer tarde en la Subdelegación del Gobierno en Huesca y está previsto que el funeral se celebre esta mañana en la catedral de la capital oscense, con la asistencia del presidente del Gobierno, José María Aznar, y del secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero.

Unas 5.000 personas se congregaron por la tarde en Sallent de Gállego para mostrar su repulsa por el atentado. "Vosotros terroristas no sois más que víctimas de vuestra miserable e inhumana endogamia", decía el manifiesto aprobado en un pleno extraordinario, que leyó el alcalde de la localidad, José Luis Sánchez, del PSOE.

Radicalmente diferente fue el ambiente que se vivió en Hernani (Guipúzcoa) y Markina (Vizcaya), localidades natales de Patxi Rementeria y Ekain Ruiz, dos de los terroristas muertos al estallar los explosivos que transportaban. Los simpatizantes de ETA no lograron su objetivo de homenajear a los ex miembros del comando Vizcaya dentro de instituciones democráticas.

El Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, que ya suspendió el viernes la decisión del consistorio de Markina de ceder su sala de plenos como capilla ardiente para Rementeria, dictó a primera hora de ayer un auto por el que dejaba también en suspenso el acuerdo municipal de Hernani que, con mayoría absoluta de EH, había nombrado además hijo predilecto de la localidad a Ekain Ruiz.

En cumplimiento del auto judicial, agentes de la Ertzaintza rodearon ayer por la mañana la casa consistorial y dispersaron, con material antidisturbios, a un centenar de personas que intentaron penetrar en el Ayuntamiento.

El homenaje, con las cenizas del etarra escoltadas por un gran anagrama de la banda terrorista y decenas de ikurriñas con crespones negros, se celebró finalmente en la plaza Gudari (soldado, en vasco), junto al consistorio.

Un escena similar se reprodujo en Markina, donde los simpatizantes de ETA homenajearon a Rementeria en plena calle, al encontrarse el Ayuntamiento cerrado a cal y canto. La ausencia de la policía autonómica hizo que no se produjeran incidentes. Pero también permitió que los organizadores de los homenajes expulsaran a los periodistas con amenazas expresas."No podemos garantizar vuestra integridad física. No nos podemos responsabilizar de lo que pueda pasar", dijo una concejal de EH a dos periodistas de EL PAÍS en un ambiente abiertamente hostil hacia la prensa. En Hernani sólo se permitió la presencia de los medios de comunicación afines, mientras que en Markina se admitió también a dos radios dependientes del Gobierno vasco.

Sin embargo, EH acusó ayer al PNV de "cobardía y sumisión a la legislación española" por utilizar a la policía autonómica para impedir la utilización de los ayuntamientos vascos para homenajear a los etarras. El portavoz de la coalición, Arnaldo Otegi, advirtió a dicho partido de que se convertirá en "cómplice de la política antiterrorista de Mayor Oreja" si acude a la ronda de consultas con las fuerzas democráticas convocada por el ministro del Interior.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 21 de agosto de 2000