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Correa saca al Atlético del apuro

El Rayo, que hizo una primera parte excepcional, se vino abajo con los cambios

Lícito sería, si lo hace, que sonría el Atlético, pues no en balde salió con oficio de un apuro enorme y engordó en algún kilo su autoestima, que buena falta le hace. Absurdo sería, de largo, que llorara el Rayo, protagonista estelar de un partido que perdió, cierto, pero en el que escenificó durante una hora una actuación asombrosa. Quítesele al partido el adjetivo amistoso y los adeptos al resultadismo reirán o llorarán según les haya ido. Recupérese aquél y no será el marcador quien le quite al Rayo una sonrisa de oreja a oreja. Un Rayo que se lo pasó de miedo durante sesenta minutos, en los que metió en un lío formidable a su rival, cuyo mayor mérito fue no agachar la cabeza y venirse arriba en la recta final, cuando sobre el césped estaba Correa y a Juan Gómez le dio por levantar la voz.Siete ocasiones claras de gol tuvo el Rayo hasta el descanso. Aprovechó una, lo que no hizo sino certificar que en ese terreno los tiempos no han cambiado, que ya en la exitosa pasada temporada el equipo mostraba un diagnóstico grave al respecto. El partido fue mucho más serio de lo que podría dar a entender su carácter amistoso. Tan en serio fue que Juande Ramos decidió que Poschner le hiciera sombra a Kiko; o que Zambrano les prohibiera a sus centrales correría alguna. Se pudo ver en el centro del campo el derroche físico de Helder frente al derroche físico de Juan Gómez, ambos corre que te corre. Ellos elevaron la pasión futbolística del choque. La otra, de peor estilo, se encargó de elevarla en solitario Mena, dispuesto a meterse en todos los jardines donde hubiera barro.

RAYO VALLECANO 1

AT. MADRID 2Rayo Vallecano: Segura; Alcázar (Cota, m. 57), Quevedo (Urbano, m. 85), De Quintana, Mingo (Ferreira, m. 72); Glaucio (Mauro, m. 57), Helder (Pablo Sanz, m. 57), Poschner, Michel (Setvalls, m. 72); Luis Cembranos (Iván, m. 85); y Bolo (Bartelt, m. 57). Atlético: Toni; Aguilera (Njegus, m. 33), Amaya (Santi, m. 68), Hernández (López, m. 80), Toni (Roberto, m. 61); Luque, Mena (Correa, m. 66), Juan Gómez, Llorens; Kiko (Juan Carlos, m. 87) y Salva. Goles: 1-0. M. 2. Falta lejana que bota Poschner y Quevedo, sin oposición, remata con habilidad en el segundo palo. 1-1. M. 77. Penalti por mano de Cota que transforma Salva por bajo. 1-2. M. 84. Kiko se inetnta meter en el área, el balón, reotado, lo recoge Correa, que controla y marca de un magnífico derechazo que se va a la escuadra. Árbitro: Velasco Carballo. Amonestó a Michel, Bartelt, Amaya y Salva. Unos 8.000 espectadores en Vallecas.

Uno de sus enemigos resultó ser Luis Cembranos. Es éste un futbolista que sabe sacar de quicio a quien le aguanta en un día de inspiración. Y ocurrió que mientras Cembranos lanzaba a sus delanteros, encaraba a los centrales, disparaba, regateaba o intentaba una vaselina, que a duras penas sacó un Toni siempre seguro, Mena iba de acá para allá, con gesto huraño y persiguiendo sombras. Pero sólo un gol marcó el Rayo, donde Quevedo gobernó en defensa e inició cada salida de su equipo con el mejor criterio posible. Donde el brasileño Glaucio se reveló como un tipo a seguir, hábil, rápido, algo alocado en el uno contra uno pero dañino, a lo que sin duda le ayudó Toni, el lateral rojiblanco, que a punto estuvo de convertirle en Garrincha. Pero lo dicho: el Rayo no marcó más que un gol.

Llegó el carrusel de cambios, que fulminó al Rayo y resucitó al Atlético. Apareció en escena Correa, que se situó junto a un Salva que tendrá que esperar a otra fecha para justificar su bien ganada fama. Juan Gómez se quedó solo en la dirección, Kiko se alió con él y el Atlético se hizo presente. Y tan presente se hizo que un absurdo penalti cometido por Cota, tras un mal entendimiento con Poschner, y una arrancada de genio de Kiko, a la que puso la guinda Correa en un arrebato de clase, cambiaron el signo de un partido dignísimo, en el que el Rayo puso el buen fútbol, el Atlético el oficio y que ganó el Atlético, el del oficio, en su único guiño al buen fútbol.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 17 de agosto de 2000