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Entrevista:ENRIC ARGULLOL - RECTOR DE LA UNIVERSIDAD POMPEU FABRA

"Cerrar el modelo autonómico de una vez por todas es una quimera"

Enric Argullol (Barcelona, 1946), el jurista que inspira el modelo constitucional que sirve de referencia a Jordi Pujol, ha decidido dar a conocer públicamente sus argumentos. El catedrático de Derecho Administrativo y rector de la Universidad Pompeu Fabra sostiene que no hace falta reformar ni la Constitución ni el Estatuto de autonomía para lograr un desarrollo más intenso del autogobierno de la Generalitat de Cataluña. En síntesis, nada de reforma de la Constitución, sino una relectura de la Carta Magna.Pregunta. Usted se ha convertido en un gran defensor de la Constitución.

Respuesta. La tesis que intento mantener es que la Constitución tiene unas grandes potencialidades. Aprovechémoslas. Intentemos extraer todas estas potencialidades, que evidentemente no podrán sacarse todas de golpe, sino poco a poco, y no es necesario modificar o alterar este marco que es la Constitución.

P. ¿Por qué teme la reforma?

R. Primero, porque no es realista planteársela en estos momentos; segundo, porque, abierta esta operación, corremos el riesgo de que acabe en la dirección que no pretende quien la abrió; tercero, porque, en un país de fuerte inestabilidad histórica, desde un punto de vista plenamente jurídico es ya un valor en sí mantener la firmeza de un marco constitucional. Esto no significa que estos tres planteamientos no sean compatibles con alguna reforma concreta. Pero una reforma amplia de la Constitución, y muy específicamente del título octavo, no me parece aconsejable en estos momentos.

P. ¿Cree realmente que el Gobierno del PP puede realizar una lectura de la Constitución más proautonomista que la vigente?

R. No lo sé. Pero los planteamientos tampoco deben hacerse mirando únicamente lo que ocurre hoy. De lo que se trata es de ver a partir de un análisis de la realidad (no a partir de una visión abstracta, sino a partir de un análisis de lo que ha sido concretamente el desarrollo autonómico durante estos 20 años, que ha producido un altísimo grado de descentralización) cuáles son las vías abiertas para dar un carácter político a esta descentralización.

P. Está convencido de la potencialidad de la Constitución para desarrollar más la autonomía.

R. La Constitución, del mismo modo que plasma una postura militante a favor de los derechos fundamentales, tiene también una clara opción de ruptura con la situación centralista anterior. No debe olvidarse que no era sólo la situación de la dictadura franquista sino, salvo ligerísimos paréntesis, la situación existente en España desde hacía unos siglos.

P. También se desmarca del inicial café para todos y aboga por una interpretación heterogénea con distintos niveles de autogobierno.

R. Cuando los redactores de la Constitución previeron la regulación muy abierta, pero estableciendo diversos niveles y diversas etapas para la posibilidad de adquirir la autonomía por parte de territorios dentro del Estado, seguramente no tenían una idea clara de si aquello que se consideraría serían únicamente algunas autonomías políticas, o bien habría autonomías políticas y otras más ligeras, administrativas, o bien al final todas tendrían un mismo nivel.

P. En este asunto se tiene siempre el temor de que éste sea un proceso sin fin, de que los nacionalistas no pongan nunca límite a sus demandas, de que siempre pidan más.

R. Desde hace unos cuantos años se dice: "Debemos cerrar de una vez por todas el modelo autonómico". Yo creo que esto es una quimera. No se cierra nunca, porque la realidad es mucho más viva y mucho más dinámica que cualquier voluntad de encorsetar la realidad. Entonces, tenemos que acostumbrarnos a vivir en una redefinición. Ciertamente, no estaremos cada día discutiéndolo todo, pero es ilógico pensar que un buen día todo queda medido, cerrado y listo. Esto no ocurre en ningún lugar.

P. ¿A qué modelo de país nos conduciría la relectura de la Constitución que propone?

R. Esto depende. En algunos aspectos nos podríamos aproximar a modelos como puede ser la República Federal de Alemania, y estoy pensando en el régimen local. En otros aspectos nos podríamos acercar al modelo de Bélgica, pensando por ejemplo en el tema educacional, aunque sin alcanzar su nivel.

P. En su opinión, también el Tribunal Constitucional podría hacer una lectura más proautonómica.

R. Sí, proautonómica o antiautonómica. Yo creo que es así y que esto tampoco debe sorprendernos. Además, nuestro tribunal ha generado una jurisprudencia muy casuística, ha huido de sentar grandes criterios generales.

P. ¿Cómo ve el papel de la Administración central?

R. Una de las cosas sorprendentes cuando uno repasa lo que han sido estos 20 años no es únicamente el hecho de que ha habido un proceso de descentralización muy fuerte, sino también la ausencia de una reforma intensa de la administración del Estado. Debería haberse reducido el número de ministerios, o los ministerios deberían ser otros. No ha sido así. La carcasa central continúa viva y no se ha debilitado, al menos con la intensidad que da a entender el proceso de descentralización.

P. ¿Se avanza en el desarrollo autonómico?

R. La Constitución de 1978 es un hito extraordinariamente positivo. Cosas que hace 20 años podían parecer muy extrañas ahora parecen muy normales. Un ejemplo: cuando hace unos años se planteó que la primera autoridad civil de Cataluña era el presidente de la Generalitat y que por tanto le correspondía la precedencia, los comentarios eran muy confusos. Y ahora, curiosamente, cuando interesa que el presidente de la Generalitat presida el desfile, todo el mundo afirma con gran contundencia desde la Administración central que el presidente de la Generalitat es la primera autoridad civil de Cataluña. Esto es muy positivo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 1 de agosto de 2000