GENTE

LA DECISIÓN DE LÁZARO CARRETER

Fernando Lázaro Carreter anunció la noche del martes en Zaragoza dónde quiere reposar definitivamente: en el cementerio de Magallón, un hermoso pueblo al pie del Moncayo de donde eran sus padres y abuelos. El académico de la Real Española recibía la medalla de oro de Santa Isabel, máxima distinción de la Diputación Provincial de Zaragoza, y quiso acudir a recogerla junto al doctor Alberto Portera, el poeta Luis García Abrines -que no pudo viajar de Nueva York a Zaragoza por su delicado estado de salud-, Disminuidos Físicos de Aragón y el poeta Ildefonso Manuel Gil. El académico leyó un breve y hermoso discurso de agradecimiento en el que elogió a los vecinos de los pueblos que, como sus antecesores, tuvieron que dejarlos para hacer grande Zaragoza. Sin querer parecer desagradecido, el autor de El dardo en la palabra justificó su decisión de querer reposar definitivamente en Magallón, y no en su ciudad natal, Zaragoza, "porque allí está mi origen, al que he dispuesto que se me devuelva apenas la vida me deje cesante". Lázaro Carreter trajo a cuenta una anécdota ocurrida en el cementerio de Magallón que se ha convertido en premonitoria. Fue el día que acudió al camposanto "al entierro de un amigo entrañable" y paseando entre las tumbas descubrió apellidos ligados a su familia; entre ellos, "una humilde cartela" en la que se leía "Fernando Lázaro Carreter", que le dejó helado. La nostalgia de sus palabras, teñidas de aires de despedida, tuvieron su contrapunto en el neurólogo Portera, quien, en un viaje imaginario por genes y genomas, intentó trazar la historia de Isabel de Portugal y del viaje de genes entre Portugal y España, para concluir con un peculiar homenaje al hecho diferencial aragonés. "He querido rendir homenaje a los genes de las mujeres aragonesas que han servido para transmitir la potencia de la especial característica que nos hace a todos característicamente diferentes de otros grupos y nacionalidades".-

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