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Un chico impasible Dani Mallo aguarda sin miedo su posible debú con el Depor en el crucial duelo ante el Zaragoza

"¿Miedo yo? Para nada". Dani Mallo, de 21 años, derrocha aplomo en espera de la gran oportunidad de su vida. Si el checo Peter Kouba no se recupera de su lesión, Mallo, estudiante de Sociología, debutará el próximo domingo en la portería del Deportivo en la situación más comprometida que pudiera imaginar: un duelo contra el Zaragoza, tercer clasificado, y con el título de Liga en juego.Desde Raúl a Iker Casillas, la generación más joven de futbolistas ya ha dado muestras del desparpajo y de la impasibilidad con que es capaz de afrontar los más temibles desafíos. Dani Mallo también parece hecho de esa pasta. "No tengo por qué estar nervioso", argumenta, "llevo mucho tiempo esperando mi oportunidad y ahora puede haber llegado".

"Lloré como muchos"

Aquel día de mayo de 1994 en que Djukic tiró un penalti a las manos del portero del Valencia y el título de Liga se esfumó en un instante para el Deportivo, Dani Mallo no pudo contener las lágrimas. "Lloré como muchos deportivistas", recuerda. Dani tenía entonces 15 años, defendía la meta del Sporting Cambre, el club de su pueblo, una localidad de los alrededores de A Coruña. La amargura no le duró mucho y al año siguiente recibió la primera gran alegría de su carrera deportiva cuando el Deportivo le reclutó para su equipo juvenil. "Es inevitable que se recuerde aquello, pero el equipo está al margen de eso", dice el joven guardameta, "llevamos dos puntos de ventaja y todos confiamos en ganar el título sin tener que pasar agobios al final".

El pasado domingo, cuando el portero titular Songo'o fue expulsado a punto de concluir el duelo contra el Celta en Balaídos, Dani estaba tan enfrascado en el partido que ni siquiera tuvo tiempo a darse cuenta de lo que se le venía encima. Hasta más tarde, ya en el autobús de vuelta a A Coruña, no tomó conciencia de la situación: a Songo'o le sancionarían con un partido, el habitual suplente Kouba estaba lesionado y el único portero disponible era él mismo.

"Tienes que estar preparado", le dijo el entrenador del Deportivo, Javier Irureta, al llegar al entrenamiento del lunes. También sus compañeros más veteranos se hicieron cargo de la situación. "Algunos se acercan para animarme", explica Dani, "tengo muchos amigos en este equipo". Desde el lunes, la situación ha cambiado un poco, ya que Kouba, con un golpe en un glúteo, apareció ayer bastante mejorado y, por primera vez en varios días, se entrenó bajo los palos, aunque evitó tirarse sobre su costado derecho. "Me estoy encontrando mejor y tal vez pueda jugar con una protección", comentó el checo, "el equipo se enfrenta a un partido muy importante y mi obligación es hacer todo lo posible por jugar".

Dani elogia los esfuerzos de su compañero por recuperarse y está convencido de que hasta última hora no sabrá si va a jugar. Pero ni siquiera esa incertidumbre afecta aparentemente a su ánimo. A pesar de que no se haya estrenado en partidos oficiales con el primer equipo, este chico, en cuyas manos puede estar el destino del Deportivo, no es un desconocido para la afición. Lleva varios años destacando en el filial y ha jugado dos Eurocopas con la selección nacional juvenil. Muchos de sus compañeros de entonces son ya futbolistas consagrados: José Mari, Gerard, Farinós, Xavi, Gabri, Ferrón...

A Dani aún no le había llegado su oportunidad, pero los porteros están acostumbrados a esperar, sobre todo en su caso, cuando tiene por delante dos guardametas internacionales muy experimentados. "No hay que desesperarse", dice, "lo importante es tener paciencia. Yo quiero ser jugador de Primera División con el Deportivo. Pero tengo que saber esperar". Mallo, de 1,86 de estatura, es el típico guardameta de estilo sobrio. Su ídolo de pequeño era Arkonada y de la época actual cita veteranos como el danés Schmeichel o el francés Lama. Sobre todo le gusta "transmitir seguridad" y afirma que siempre prefiere "lo práctico antes que lo espectacular".

Estudiante de Sociología

Como buen deportista, quería estudiar Fisioterapia, pero la nota media para el acceso estaba demasiado alta en A Coruña. "Luego anduve dando algunos tumbos por ahí y ahora estoy en segundo de Sociología", comenta, "me pierdo algunas clases, pero los compañeros me van pasando apuntes".

Al margen del fútbol, le gusta salir con su novia e ir al cine, una vida normal que estos días sólo la altera el ruido periodístico que se empieza a formar a su alrededor. Pero Dani parece impasible, aguardando tranquilamente su oportunidad. "Sí, jugar el domingo es una responsabilidad muy grande, pero también lo era defender la meta del Sporting Cambre", argumenta el joven guardameta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 3 de mayo de 2000