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La ruta del dinero

A mediados de enero pasado, tras estallar en Alemania el escándalo de financiación ilegal de la CDU o Kohlgate, un nombre saltó a las primeras páginas de la prensa germana: el del profesor Herbert Batliner, el hombre que mueve en el paraíso fiscal centroeuropeo de Liechtenstein una fracción importante del dinero opaco procedente de los cuatro puntos cardinales del mundo. Varias decenas de millones de dólares.Algunos días después de que la prensa mencionara a Batliner, un informe del Servicio de Inteligencia Federal Alemán (BND), elaborado por los llamados ciberespías de dicho organismo, advertía de que banqueros, políticos, jueces y altos cargos de la policía han mantenido conexiones durante años con criminales internacionales para convertir al principado de Liechtenstein en el centro de lavado de dinero más importante del mundo. Dicho informe había sido elevado al Gobierno de Berlín varios meses antes del estallido del Kohlgate.

Helmut Kohl, es cierto, nunca ocultó su relación personal con el profesor Batliner. Diarios como el Bild Zeitung llegaron a publicar, hace varios años, cuando el político alemán todavía era canciller, fotos de los matrimonios Kohl y Batliner en la portada. Las dos parejas pasaban algunos días de vacaciones en un clásico paisaje alpino.

Batliner es el propietario y gestor de Batliner & Partner, un bufete de abogados y fiduciarios con sede en Vaduz, la capital de Liechtenstein, el más importante del principado. En dicho bufete, el profesor Batliner cuenta con un hombre que ocupa un papel relevante en su organigrama. Su nombre: Hans Gassner. Y por esta vía, a través de él, se llega a Mario Conde y a Arturo Romaní.

Mario Conde conoció a Hans Gassner en 1977, según ha declarado el ex banquero en el juicio oral del caso Banesto. Esto es, en una época en la que Conde todavía hacía sus pinitos en el mundo empresarial. En aquella época, según fuentes bancarias, Liechtenstein era un asunto de iniciados -algunas grandes fortunas- en España.

Arturo Romaní comenzó a trabajar con el bufete Batliner a finales de los años ochenta, poco después de desembarcar con Conde en Banesto. Gassner creó varias sociedades (Selino Establishment, Jarnac Establishment, y otras) e incluso visitó, según salió a relucir en el juicio oral del caso Banesto, el bufete personal que Romaní siguió regentando en la madrileña calle de Conde de Aranda, en paralelo a su actividad en Banesto.

La presencia de Gassner en la llamada Operación Carburos y en la de Cementeras, siempre como receptor de dineros, está más que probada. Fue la Fundación Levis, creada y administrada por Gassner en el bufete Batliner quien recibió en mayo de 1990 el dinero, los 1.344 millones de pesetas, a través de un abogado de Zúrich llamado Peter Schwartz, que actuaba, según declaró Jacques Hachuel, para Banesto, el que dirigían Conde y Romaní. Asimismo, la sociedad Selino, creada y administrada por Gassner en Liechtenstein, a través de su control de Data Transmision System, resultó ser destinataria de una parte de los 1.500 millones obtenidos, también en 1990, a través de comisiones por la compra y venta de sociedades hormigoneras y cementeras, realizada entre la familia Serratosa, accionista de Valenciana de Cementos, y el grupo Banesto.

Schwartz, para cerrar el círculo, también apareció en otra sociedad, la suiza Veliades Holding, propietaria formal de Montilsa, beneficiaria de otra parte de los 1.500 millones.

Pero Liechtenstein no es el único refugio seguro de Mario Conde y Arturo Romaní. La ruta de sus dineros tiene a Panamá como un punto importante de cruce; los intereses, en particular de Conde, llegan a Argentina, donde según fuentes bancarias, ha comprado tierras ya hace varios años.

Allí, según esas fuentes, el exbanquero ha reemprendido su actividad empresarial, a través de hombres de confianza. Entre ellos figura Pedro Pueyo, el empresario de origen mallorquín que fundó el grupo Oasis, y cuya asociación con Banesto, en la época de Conde, supuso pérdidas cuantiosas (48.000 millones) para la entidad bancaria. Conde y Pueyo están asociados en la producción de aceite de oliva y aspiran, algún día, a exportarlo desde suelo argentino a Estados Unidos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 1 de abril de 2000

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