Tribuna:
Tribuna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las tribunas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

Diosa madre

JOSÉ MANUEL ALONSO

"Ni una brizna de viento aquí arriba: el asunto tiene buen aspecto". Eso fue lo que escribía Mallory a 7.780 metros de altura, campo 5 del Everest, el 6 de junio de 1924. Dos días más tarde, de madrugada, Mallory e Irvine, su compañero de expedición, dejaban el campo 6 (a 8.170 metros), para asaltar la cima de la Diosa de la Madre Tierra: 8.848 metros. Nunca más se les volvió a ver y nunca se supo si alcanzaron la cima 29 años antes de que lo hicieran E. Hillary y el sherpa T. Norgay, que son los que encabezan la historia de los conquistadores. En mayo del año pasado, un grupo encontraba el cadáver de Mallory a 8.300 metros, sin que se supiera tampoco si la muerte le pilló subiendo o bajando de la cima. Por tanto, el enigma continúa, como si el dios en el que confían los nepalíes cortara con su espada las explicaciones de los hechos como "cortó en su día la gran montaña para dar agua al valle del Himalaya".

Desvelar ese enigma es lo que quiere hacer en marzo la expedición de Al filo de lo imposible de TVE al mando de Juanito Oiarzábal: "Queremos contar una historia fascinante: seguir los pasos de Mallory e Irvine y poder contarlo para que las generaciones futuras conozcan cuál es el espíritu que mueve a los hombres a subir a la cima del mundo, por atreverse a realizar los sueños, por atreverse a fracasar".

Cuando el montañero vasco Martín Zabaleta coronaba el Everest en junio de 1980, declaraba: "Nuestra voluntad de continuar competía con la decisión de abandonar. En esos momentos, el seguir y dejarlo, el éxito y/o el fracaso, están tan juntos como el relámpago y el trueno. Y una vez arriba llega lo peor, el descenso, si en ese momento dudas, allí te quedas". Con Zabaleta estuvieron otros montañeros vascos que destacaron la aportación de todos para el éxito. Tan grande fue este entendimiento que Emilio Hernando, declaraba algo que sigue siendo actualidad: "Pienso que los políticos de Euskadi tendrían que pasar algún mes en el Everest, porque allí llegarían a un acuerdo". Seguramente esa diosa de la madre Tierra concedería el agua del entendimiento, tan necesaria para este nuestro valle.

Lo que más afecta es lo que sucede más cerca. Para no perderte nada, suscríbete.
Suscríbete

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS