Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Nuevo fiasco ante el Bayern

El Madrid paga un horroroso primer tiempo y sale goleado de Múnich

Blandito como un equipo juvenil y con una acusada tendencia por el juego banal, el Madrid se condenó en el primer tiempo a la derrota en Múnich. Por actitud se pareció a tantos otros equipos españoles que salieron malparados de los campos alemanes. La reacción en la segunda parte sirvió para abrir un turno de preguntas sobre las grandes concesiones que hizo al Bayern, cuyo único mérito radicó en aprovechar los errores del Madrid. Antes de que el partido entrara en harina, el Madrid había concedido un gol, producto de un mal despeje de Hierro, que eliminó el flagrante fuera de juego de Scholl. La jugada pesó decisivamente sobre el desarrollo del encuentro, controlado por el Bayern sin demasiados alardes. El excelente gol de Helguera produjo un espejismo que no se concretó en nada real. El Madrid siguió preso de errores defensivos de grueso calibre. Lo extraño es que los errores se personificaran en Hierro, defensa solvente en las grandes ocasiones. No esta vez. El segundo tanto alemán figurará en los peores sueños del capitán madridista, que midió mal el salto para desbaratar el saque largo de Kahn y dejó la pelota libre para Elber. En las distracciones de Hierro se retrató todo el equipo, preso de la falta de atención y de la intensidad que se requiere para esta clase de partidos.El Madrid entró en crisis inmediatamente. El gol de Scholl abundó en el escaso espíritu de un equipo que pareció tomarse el encuentro como un trámite, error que se paga especialmente frente a los alemanes, que jamás conceden. El tanto provocó estupor porque sobrevino de una jugada innecesaria. Scholl estaba en un palmario fuera de juego, pero Hierro le cedió la pelota, o eso pareció. El linier levantó la bandera y los jugadores del Madrid dieron por descontado que la jugada se anulaba, pero el árbitro dijo que no, que el balón procedía del defensa y que esa circunstancia habilitaba a Scholl. El Madrid, que por ánimo parecía que había salido a jugar con la derrota encima, se encontró en una situación dificilmente superable: con un gol en contra y un largo partido por delante.

BAYERN MUNICH 4REAL MADRID 1

Bayern Munich: Kahn; Kuffour, Matthaeus (Tarnat, m.89), Linke; Fink, Effenberg, Salihamidzic (Wiesinger, m.85), Lizarazu; Scholl; P. Sergio y Elber (Zickler, m.74).Real Madrid: Casillas; Salgado, Hierro, Karanka (Anelka. m.70), R. Carlos; Geremi (McManaman, m.63), Redondo, Helguera; Guti; Raúl y Morientes (I. Campo, m.84). Goles: 1-0. M. 4. Hierro pelea por el balón y habilita a Scholl, que la pica sobre Casillas y marca. 2-0. M. 30. Balón largo del Bayern que Hierro no alcanza a rechazar y la recoge Elber, que controla y bate a Casillas. 2-1. M. 69. Helguera, con un gran disparo desde fuera del área. 3-1. M.79. Zickler, de fuerte disparo. 4-1. M. 92. Zickler, tras eludir a Casillas. Árbitro: Dick Hol (Holanda). Amonestó a Karanka, Fink y Effenberg. Los dos equipos homenajearon antes del partido a Lothar Matthaeus, que jugó su último encuentro en el conjunto bávaro. Lleno, unos 60.000 espectadores, en el Estadio Olímpico de Munich.

El único Madrid potable, hasta interesante, se vio en el segundo tiempo, pero las concesiones habían sido excesivas. El primer remate se produjo en el minuto 30, en una llegada de Roberto Carlos. Antes de esa acción, no hubo nada destacable. Un equipo preparado para defenderse, con Helguera junto a Redondo, estaba en la obligación de atacar. La ecuación se hizo imposible, en parte porque al equipo le costó una eternidad meterse en el encuentro y en parte porque se produjeron graves disfunciones. La más evidente fue la ausencia de juego por los costados. Guti apareció como interior izquierdo, pero de forma nominal. Poco a poco, como consecuencia de su incomodidad, se movió hacia la media punta. El traslado obligó a largos esfuerzos de Roberto Carlos, a costa de las concesiones defensivas. El mayor problema estaba en el otro lado, donde Geremi no dio la talla ni de lejos. La camiseta del Madrid le viene grandísima. En una posición que se antoja decisiva para aclarar el panorama en el juego de ataque, Geremi resultó un lastre. Su voluntariosa dedicación no está correspondida con el mínimo de calidad y recursos que deberían exigirse en el Madrid.

Tapado por sus propias deficiencias en el lado derecho, descompensado en la banda izquierda, expuesto a errores impensable por parte de Hierro, el Madrid pasó un tormento en el primer tiempo. El Bayern lo aprovechó con la típica eficacia alemana. Porque su fútbol tampoco resultó abrumador.

Hubo lugar para la esperanza en el comienzo de la segunda parte. El Madrid arrancó con firmeza y con un golazo de Helguera, cuyo bombazo entró por la escuadra. Durante un rato se apreció un incremento en la actividad de Raúl, y eso sólo puede significar peligro para cualquier rival, pero la crecida del Madrid resultó artificiosa. Le faltó pegada y concentración. Desde la defensa, el Bayern lo controló como suele hacerlo, con una querencia evidente por los contragolpes, mortíferos por lo que se vio. El poderoso y veloz Zickler fue el encargado de concretarlos en dos carreras espectaculares, tan celebradas por el público como la despedida de Matthäus, que recibió todo el calor de su gente en una noche que volvió a poner de manifiesto el estado de estupor que asalta a los equipos españoles cuando visitan suelo alemán.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de marzo de 2000