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27ª Jornada de Liga

Al buen juego, buenos goles

BARCELONA 4-NUMANCIA 0Barcelona: Hesp; Puyol, Reiziger, Frank de Boer, Bogarde; Gabri, Guardiola (Xavi, m. 85), Cocu; Figo, Dani y Ronald de Boer.

Numancia: Núñez; Belsué (Barbu, m. 71), Jaume, Soria, Octavio, Muñoz; Castaño, Nagore, Ribera; Rubén Navarro (Iñaki, m. 79) ; y Ojeda.

Goles: 1-0. M. 27. Gabri culmina con un remate desde el borde del área una jugada por la banda izquierda entre Figo y Ronald de Boer. 2-0. M. 67. Dani remata de cabeza un centro desde la banda izquierda de Ronald de Boer después que Figo peinara en el segundo palo para el delantero azulgrana. 3-0. M. 76. Dani empuja al fondo de la red un centro desde la izquierda de Cocu, tras un pase de tiralíneas de Guardiola. 4-0. M. 84. Figo cuela por la derecha un fuerte remate, tras una jugada de Ronald de Boer por la banda izquierda que Dani no acertó a culminar primero dentro del área.

Árbitro: Esquinas Torres, madrileño. Amonestó a Octavio y a Gabri.

Unos 55.000 espectadores en el Camp Nou. El equipo de hockey patines del Barcelona ofreció la Copa del Rey a su hinchada. Goikotxea, sancionado, presenció el partido desde la grada.

Con algún que otro sobresalto, como en los viejos tiempos, pero también con confianza y esperanza, como antaño, sobre todo por los goles, todos añorados por bien paridos, el Barça acreditó que, a las órdenes de Guardiola, está de vuelta para competir por la Liga al menos otra jornada y a la espera de visitar San Mamés, estadio que decidirá hasta dónde alcanza la competitividad azulgrana. El Numancia le tuvo a tiro medio partido, cuando el Barça se calentaba, pero en la otra mitad fue un convidado que no guardó parecido alguno con la gallardía del Alavés o el Málaga, que en su día faenaron con un gol a favor. La diferencia de pegada puso la distancia en el marcador.

Las circunstancias pintaban un partido árido para el Barça, un equipo que parecía secuestrado por la Liga de Campeones, más pomposa que el campeonato doméstico. El talante del contrario, un equipo de fútbol heroico que ha generado mucha épica, aumentaba el grado de dificultad del encuentro para el Barça, que además había perdido hermosura por la ausencia de su futbolista más virtuososo, Rivaldo.

A falta de futbolistas terminales y singulares, el Barça se entregó a jugadores de equipo que marcan estilo. El asunto estaba más en la gestación que en la definición. La presencia de los gemelos De Boer, Guardiola y Figo no garantizaba la consistencia del equipo, que estuvo largo rato sometido al rival, pero sí puso las condiciones para que el Barça se reencontrara con su fútbol, con su juego, con sus goles y también con sus concesiones defensivas, un orden tan conocido y maldecido como añorado.

La propuesta azulgrana exige paciencia en la cancha y también aguante en la grada. El rival, ayer el Numancia, comienza normalmente por ser mejor defendiendo y atacando. La línea de presión numantina, tan densa como agresiva, dejó al Barça sin pelota. El grupo de Goikoetxea atacó con acierto la salida del balón del área barcelonista y convirtió cada robo en una ocasión. Tiritó la zaga, descopuesta por la dificultad en el giro de Frank de Boer, y el Numancia mandó hasta cuatro balones de gol al carajo. Vivó el Barcelona, en cambio, de la única jugada que trazó, una acción preciosa de un minuto por lo menos. Al toque, hasta 14 futbolistas desfilaron frente al cuero, antes de que Gabri marcara, en una muestra de lo que predica Guardiola: el tic-tac paciente, la apertura diligente a la banda y el pase de la muerte para la llegada del medio. El gol invitó a ser indulgente con el equipo.

El Barça aguantó como pudo hasta el descanso, y después no se cansó de mover el árbol hasta que los goles maduraran. La insistencia azulgrana provocó el desplome numantino. A los sorianos les faltó físico para mantener el despliegue, y el Barça tejió tres cuartos de hora de juego fácil, tocando de primera, con una alta circulación. No había otro referente que el balón. Tiempo para futbolistas que no para solistas, para gente como Guardiola, Figo y Ronald de Boer, majestuoso en el juego por banda. El Barça llegó ante Núñez desde todos los costados, marcando goles de muy buen gusto. El último tramo fue tan dulce que hizo olvidar el mal arranque. Principio y fin, sin embargo, quedaron unidos por un mismo concepto del juego. Vuelve el viejo Barça, aquel en que cada partido puede ser una aventura; no una pesadilla.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de marzo de 2000

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