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Tribuna:EL BANCO CENTRAL EUROPEO

Estadísticas monetarias, bancarias y financieras

El autor sostiene que la estrategia del BCErequiere una información amplia, precisa

y fiel a la realidad.

Alexandre Lamfalussy, primer presidente del Instituto Monetario Europeo (IME), predecesor del Banco Central Europeo (BCE), dijo en cierta ocasión que "nada es más importante para la formulación de la política monetaria que buenas estadísticas". Esta afirmación encierra una gran verdad, pero no toda la verdad. Las buenas estadísticas no sólo son el más importante instrumento para la formulación de la política monetaria del Eurosistema, sino que, además, constituyen un medio básico para satisfacer la necesidad de información que tienen los operadores de los mercados, los investigadores y, en general, los ciudadanos europeos. La información estadística referida a Europa constituye un bien público que las instituciones europeas tienen la obligación de suministrar.De acuerdo con el Tratado de Maastricht, el BCE es, junto con la Comisión Europea (Eurostat), la institución comunitaria responsable de la provisión de estadísticas a nivel europeo y se ocupa, concretamente, de las estadísticas monetarias, bancarias y financieras y, en una división del trabajo con Eurostat que funciona francamente bien, de balanza de pagos y de cuotas financieras.

Más específicamente, el BCE suministra datos estadísticos correspondientes a agregados monetarios y crediticios obtenidos de los balances de los bancos, cajas de ahorros y otras entidades financieras, tipos de interés de diferentes mercados, instrumentos e instituciones, emisiones de valores, ahorro, inversión y financiación en la zona del euro; inversiones directas y de cartera en el interior y exterior del área del euro, reservas de divisas, tipos de cambio, etcétera. En la medida de lo posible, la información se segmenta y clasifica por instrumentos, sectores, plazos, etcétera. Ésta y otra información proveniente de otras fuentes, principalmente Eurostat, en ocasiones compilada por el BCE, se ofrece en el Boletín Mensual, el más importante medio de comunicación con el exterior del BCE.

Desde su creación en junio de 1998, el BCE ha concedido gran importancia al desarrollo de sus estadísticas. Una actuación o decisión concreta vale más que mil palabras. El hecho de que Estadística, a partir de la estructura organizativa heredada del IME, haya sido la primera y hasta ahora única dirección del BCE ascendida al nivel de dirección general, a iniciativa mía, con el respaldo de todo el directorio y especialmente del presidente Wim Duisenberg y por decisión unánime del Consejo de Gobierno, muestra la importancia que en el BCE se concede a la información estadística.

En el proceso de decisión de política monetaria hay tres grandes áreas de actividad del BCE que están directamente involucradas. Economía, estadística e investigación. En el BCE, las tres están actualmente al mismo nivel y al más alto nivel, como es el de dirección general. La idea de que la estadística debe subordinarse a las demás se ha desechado. Se ha admitido su importancia y su sustantividad propia.

La formulación de la política monetaria del BCE, punto central de su actividad, se basa efectivamente en una secuencia lógica y cronológica consistente en tres pasos: datos, estrategia y decisión. Se parte de los datos estadísticos elaborados tanto por el Eurosistema, a partir de la información suministrada por los bancos, cajas de ahorros y otras entidades monetarias y financieras europeas, como de los datos contenidos en las estadísticas elaboradas por Eurostat.

Este contenido estadístico se "deposita" en un "contenedor", consistente en la estrategia de política monetaria del BCE, es decir, en el modelo que relaciona la evolución de determinadas variables (cantidad de dinero, crédito, tipo de cambio del euro, déficit público, costes salariales, expectativas de crecimiento, etcétera) con el objetivo prioritario de la política monetaria que es la estabilidad de precios. Finalmente, a partir de la información derivada de la estrategia, el Consejo de Gobierno del BCE tiene una base sólida para tomar las decisiones de política monetaria de forma lógica, coherente, eficiente y explicable a los mercados y al público.

En el origen del proceso inevitablemente complejo de la toma de decisiones de política monetaria para un área supranacional amplia y diversa se encuentran, por tanto, las estadísticas. El BCE ha ido más lejos que los otros grandes bancos centrales de la economía mundial en la especificación de su estrategia de política monetaria y la estrategia finalmente elegida requiere de una información estadística amplia, precisa, fiel a la realidad, frecuente y puntual en el tiempo.

La interacción de estadística con la política monetaria del BCE no se limita a llenar de contenido informativo a la estrategia. La información facilitada a los bancos sirve, además, de base para el cómputo y la comprobación del cumplimiento del coeficiente de caja del BCE, que es un importante instrumento de su política monetaria.

No hace falta ser experto en estadística para comprender lo difícil que resulta ejercer la responsabilidad que el BCE tiene en este campo y, por consiguiente, para valorar el mérito de los técnicos del Eurosistema, es decir, del BCE y de los bancos centrales nacionales, involucrados en esta labor. El papel del director general de Estadística del BCE, el británico Peter Bull, merece destacarse a este respecto.

Ante todo, por supuesto, ha habido que desviar el acento estadístico de lo nacional a lo supranacional europeo. Al BCE y a cualquiera que opere a escala europea, le interesa menos el crecimiento de la cantidad de dinero o el saldo de la balanza de pagos de su nación, para citar dos ejemplos, que la del conjunto de Europa.

Detrás de unas buenas estadísticas europeas hay una compleja labor técnica de armonización de definiciones para asegurar que todos entendamos lo mismo por idénticos conceptos. También ha habido que armonizar métodos y procedimientos con la finalidad de que las entidades suministradoras de datos, la cobertura de los mismos, etcétera, sean homogéneas.

Además no basta con compilar lo armonizado, sino que hay que consolidarlo, no basta con sumar agregados aunque estén armonizados sino que, en muchos casos, hay que depurarlos de flujos o posiciones intraeuropeos. También hay que homogeneizar frecuencias y calendarios. Todo lo anterior debe hacerse con realismo, teniendo en cuenta que "lo bueno está reñido con lo mejor".

Hay que hallar un compromiso entre fiabilidad y prontitud, puesto que unas estadísticas excelentes que llegan demasiado tarde de poco sirven. En consecuencia, hay que regular los criterios para la aceptación de revisiones de los datos. También hay que encontrar un equilibrio entre la calidad, el detalle y la frecuencia de la información obtenida y la carga que supone para los bancos proporcionar los datos en términos de recursos humanos y materiales. No hace falta añadir que la confidencialidad de los datos privados debe estar, en todo caso, asegurada.

Finalmente, la necesidad de asegurar el cumplimiento de las obligaciones estadísticas por parte de las entidades financieras, incluyendo el cálculo del coeficiente de caja, ha obligado a establecer un procedimiento sancionador que se inicia en la Dirección General de Estadísticas del BCE.

El sistema estadístico europeo no puede montarse encima de los nacionales o en paralelo a ellos, sin más contemplaciones, como un mero añadido, con los consiguientes costes adicionales. Importa, en consecuencia, encontrar un compromiso entre la información relevante a escala nacional y a nivel europeo y coordinar debidamente ambas, lo que equivale a decir que hay que coordinar las actuaciones de Eurostat, de los institutos nacionales de estadística de Europa, del BCE y de los bancos centrales nacionales de la Unión Europea, tarea a la que en el campo de las estadísticas monetarias y financieras contribuye decisivamente el Comité de Estadísticas Monetarias, Financieras y de Balanza de Pagos (CMFB), que preside el español Rafael Álvarez Blanco.

Se ha hecho un gran esfuerzo para superar los desafíos mencionados y se ha avanzado mucho en poco tiempo. La labor se inició bastante antes de la constitución del BCE, puesto que las primeras decisiones acerca de las necesidades estadísticas asociadas a la moneda única ya se tomaron, con la necesaria antelación, en 1996, cuando ni se sabía con seguridad cuándo se lanzaría el euro ni el detalle de los países que finalmente se integrarían en el euro. La labor desarrollada por las personas y equipos con responsabilidades en el área de estadística en los tiempos del IME ha sido decisiva.

Con todo, desde junio de 1998, tras la puesta en marcha del Banco Central Europeo, ha sido necesario intensificar considerablemente el esfuerzo y dedicar más recursos a la Dirección General de Estadística para dar respuesta a las necesidades actuales, sino también para afrontar el importante reto que va a significar la incorporación de nuevos países a la Unión Europea y al área del euro.

Lo importante es que, actualmente, la calidad de las estadísticas monetarias, bancarias y financieras del BCE es suficientemente buena y la base para su futuro desarrollo está asentada. Todo es, por supuesto, mejorable y, desde luego, las estadísticas del BCE no constituyen una excepción. No hace falta un bisturí para cortar una rebanada de pan: basta con un cuchillo afilado. Y el eurosistema dispone hoy de un cuchillo estadístico afilado.

Eugenio Domingo Solans es miembro del Consejo de Gobierno y del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo, responsable directo del área de estadística.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 28 de febrero de 2000