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Alfonso Guerra ensalza a Mario Muchnik como un modelo de editor de literatura de calidad

El diputado socialista Alfonso Guerra llenó ayer de elogios al editor Mario Muchnik. El político sevillano ensalzó a Muchnik como modelo de editor que sólo publica libros de calidad. Guerra presentó las polémicas memorias de Muchnik, Lo peor no son los autores, en la librería Antonio Machado de Sevilla. El libro ha creado heridas por el escalpelo sincero aplicado a algunos escritores y a varios de los personajes que giran a su alrededor. Guerra opina que el editor argentino es "un hombre de cultura iconoclasta y con un departamento infantil en su conciencia".

El diputado del PSOE resumió la personalidad de Muchnik con una bellísima anécdota. El editor argentino negoció, en una ocasión, los derechos de autor de la obra de Malraux. Quería publicar los libros del hombre que combatió por la República en la guerra civil, del luchador de la Resistencia francesa, del ministro del general De Gaulle. Siempre con la elegancia y la honestidad intelectual en la mirada, Malraux era capaz de rendir tributo en su entierro al colaboracionista de los nazis, y enemigo, Drieu la Rochelle porque "era un hombre". O de defender a la República española arriesgando su vida en un avión de combate.La hija de Malraux recibió a Muchnik y le pidió que hablara de sí mismo, que le contara quién era y qué había hecho a lo largo de su vida. El editor le relató sus peripecias, sacó a relucir sus opiniones políticas, no se olvidó de ningún detalle durante una hora de conversación. Al final de la charla, la hija de Malraux le dijo: "Mi padre os hubiera leído". "Llevo esa frase como una medalla en mi corazón", confesó Muchnik. Guerra contó la historia y resumió así la figura de un editor que ha publicado a algunos de los autores imprescindibles del siglo XX.

"Éste es un libro inteligente y divertido, saturado de sabiduría, irreverente. Toda autobiografía se mueve en un territorio límite entre la realidad y la ficción. El arte de la memoria nos lleva a la vida que todavía podemos vivir", comentó. "El escritor cabalga sobre dos mundos: la soledad y el compromiso. De su biografía se deduce que Mario Muchnik es un hombre feliz", agregó.

El diputado socialista recordó "la bucólica infancia" del editor e hizo hincapié en dos personas que frecuentó en sus años mozos. Uno de ellos era un extraordinario profesor de matemáticas, el escritor Ernesto Sábato. Que a uno le enseñe matemáticas el autor de El túnel y Sobre héroes y tumbas puede ser decisivo en su vocación. La otra persona que trenzó su infancia con inteligencia y libertad fue el Che Guevara, amigo de su familia. Esto ocurrió antes de que "Ernestito se convirtiera en el Che Guevara", puntualizó Guerra.

Los autores que figuran en las memorias reciben críticas -Berling, Gimferrer...- y homenajes -Calvino, Canetti, Kadaré, Sábato, Borges, Sontag...-. Con todo, hay tres maestros, recalcó Guerra: el padre de Muchnik, el editor italiano Einaudi y el poeta y editor español Carlos Barral.

Guerra resumió la filosofía profesional de Muchnik. "Un libro se publica si es bueno. Toda consideración comercial vendrá después. Primero, la calidad literaria". Guerra recordó los 60.000 títulos que se publicaron en España en 1998 y la dificultad de separar el grano de la paja. Editores como Muchnik, vino a decir, hacen de filtro y consiguen con apenas unos centenares de libros publicados revolver la conciencia del público y hacerle conocer la literatura de calidad.

Desventuras editoriales

Tras una presentación como ésta, pareció que a Muchnik poco le quedaba por decir. El editor argentino relató los sinsabores y desgracias que le acarreó su voluntad de publicar libros que merezcan la pena. "Son los dos grandes capítulos que faltan en mi libro: mis desventuras de 1990 en Barcelona, cuando perdí mi primera editorial; y en 1997, en Madrid, cuando la [segunda] editorial me perdió a mí", dijo Muchnik.

El editor rechazó que sus memorias sean "un ajuste de cuentas" con personas como el poeta Pere Gimferrer o "la señora que ahora es la viuda" de Rafael Alberti. "Me he limitado a contar mi vivencia. Es inútil buscar sangre en mi libro", indicó antes de hacer alusión a la "manipulación" efectuada en las memorias de Alberti.

Guerra, con sus elogios, lo había dicho prácticamente todo. Y Muchnik puso fin a su breve intervención.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 2 de febrero de 2000

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