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Tribuna:LA CRÓNICA
Tribuna
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De la torre al ruedo ANTONI PUIGVERD

La especie de los exhibicionistas ocupa en exclusiva el panorama. Están en todos los papeles y en todas las pantallas. Han venido a este mundo a llamar la atención. Son tipos locuaces, ubicuos, de presencia estereofónica: actores, políticos o vendedores de humo. Al margen de ellos y de su fama, parece no existir nadie, excepto una enorme masa de admiradores o detractores anónimos. Y, sin embargo, aunque parezca imposible, existe el reverso de la medalla exhibicionista. La discreción existe. Existen tipos aficionados a la invisibilidad. Tipos que, a pesar de acumular méritos profesionales o sociales, prefieren circular por la avenida de la actualidad confundidos entre la masa anónima. Los partidarios de la invisibilidad son silenciosos, comedidos y apacibles. No necesitan el chute de la fama, la vitamina del aplauso. Disfrutan con su actividad profesional. Y el tiempo les cunde: al no tener que gastar las horas en campañas de autopromoción, pueden cultivar a placer su jardín laboral o intelectual. Joaquim Español es uno de ellos. Es el nuevo director de Planes y Proyectos Urbanísticos del Ayuntamiento de Barcelona y apenas ha salido en los papeles.Quim Español es un perfecto desconocido del gran público. Dada su extracción gerundense, incluso entre los periodistas culturales barceloneses debe de ser una incógnita. Es arquitecto, pero no el típico arquitecto estelar. Ha conseguido, sí, junto a su inseparable compañero Francesc Hereu, encargos y premios (por el parque de la ribera del Ter, en Girona, les han concedido un último FAD de opinión), pero su currículo profesional es muy parecido al de la mayoría de los arquitectos catalanes enamorados de la profesión: algunas buenas obras y mucha zozobra profesional. El trabajo bien hecho raramente permite asegurar el futuro. Para llevarse grandes encargos públicos y privados, hay que tener resistencia económica y una amplia red promocional. Curiosa situación la de muchos arquitectos pertenecientes a la escuela catalana, ambiciosa de formas e internacionalmente admirada: emparedados entre unas pocas estrellas rutilantes que copan lo mejor y la general indiferencia de los empresarios de la construcción (que apuestan por la fealdad incluso en tiempos de vacas gordas).

Quim Español ha publicado un par de bellos y premiados libros de versos aunque el virus de la poesía (inoculado por su amigo Narcís Comadira y por el añorado maestro José María Valverde) forma parte, como la arquitectura, de una cepa mayor, la creación artística, sobre la que ha reflexionado con una interesante mezcla de humildad y valentía. Lo comprobarán los lectores de su premiada tesis, El orden frágil en arquitectura, que será publicada próximamente. Español no se ha dedicado al ensayo, cosa lamentable, ya que sólo sus alumnos en la Escuela de Arquitectura de Barcelona y unos pocos y admirados asistentes a unos seminarios que impartió en Girona conocen su búsqueda de los lazos formales entre poesía, arquitectura y música. Se ofenderá si lee esto: en Girona le consideramos un superviviente del Renacimiento, un tipo que disfruta estudiando unos conciertos de Mozart para poder confirmar una intuición sugerida por el análisis métrico de unos versos de Carner o Neruda.

Así descrito, Quim Español podría parecer un habitante de una vieja torre de marfil. Y es cierto que en los últimos años, encerrado en su estudio, al regresar de una visita de obras o de sus clases barcelonesas, ha pasado largas horas pensando y leyendo a la manera antigua: en soledad, por pura inquietud de conocer. Pero no es menos cierto que este hombre pausado y discreto fue, años atrás, en los lejanos setenta, el político más atractivo e interesante de Girona. Fundador e inspirador de Convergència Socialista, impulsó en las comarcas gerundenses un movimiento que aglutinó la mayor parte de lo que había sido la resistencia cultural y social al franquismo. Regresaba de una larga estancia como becario en Roma e introdujo entre nosotros la sutil cultura política italiana. Era un gran tejedor. Antes, en política, tejer era escuchar. Ahora es dictar. Era el coordinador, que no el líder. Pudo ser alcalde o diputado. Quería ser arquitecto.

Al parecer el urbanismo barcelonés, tan admirado, ha perdido el empuje y la coherencia urbanística de los años olímpicos. Español ha sido llamado a revitalizarlo. Sus clases de urbanismo le han convertido en el candidato ideal. Ha dudado antes de saltar al ruedo. No por miedo a las dificultades (Barça 2000, el nuevo Poblenou y tantos otros delicadísimos proyectos). Las dificultades le producen respeto, pero activan su avidez de conocimiento. Ha dudado por nostalgia anticipada de lo que dejará de leer.

Silvia T. Colmenero
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