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Tribuna:

Árnica

Tras el mazazo proporcionado por el éxito del último proyecto de la bruja (Jack Straw) de Blair y el consiguiente regreso a casa del honorable asesino, me llega en forma de carta una dosis de árnica que impedirá que les endilgue una diatriba acerca de lo que verdaderamente pienso del año 2000 de las narices. La ha escrito Susana, de Zaragoza.Al esposo de Susana, Jesús, le diagnosticaron hace un año una insuficiencia cardiaca severa, una malformación en la válvula de la aorta. Era operable: a elegir entre una válvula mecánica y la necesidad de tomar anticoagulantes de por vida o una válvula biológica, que sólo dura 8 o 10 años. Cuando ya se resignaba a optar por la primera, el doctor Andrés Gutiérrez, jefe de la sección de cirugía cardiaca del hospital Miguel Servet, le habló de una tercera posibilidad. "Una cosa muy nueva; llevan quince años haciéndola. La inventó un médico británico, Ross, y la técnica lleva su nombre. Se trata de poner la válvula pulmonar en lugar de la aórtica, y en la pulmonar, otra de un donante. O sea, ni anticoagulantes ni reintervención". En Zaragoza nadie había realizado nunca tal operación.

Pero había una persona que había aprendido en Gran Bretaña la operación con Ross: el doctor Manuel Concha, jefe del servicio de cirugía cardiovascular del hospital Reina Sofía de Córdoba.

"A Jesús le operaron el día 13 de diciembre", escribe Susana. "Concha llegó en tren a las nueve de la noche del día anterior (...). Él y Jesús charlaron un ratito de cosas de la vida, y se fueron a descansar. A las 7.20 de la mañana todo el equipo estaba en el hospital. La válvula llegó de un donante de Barcelona, y yo pasé la noche rezando por su familia. Los amigos bromeaban llamando a Jesús Jordi o Pep".

La operación fue un éxito, y en Zaragoza ha supuesto "como poner un cohete en la Luna". La hicieron los cirujanos por responsabilidad, no por afán de notoriedad. Susana quiere que se reconozca el esfuerzo de la Seguridad Social. Que no desconfiemos del sistema público de salud. "Sí, esta operación se la habrían hecho en algunos hospitales de Estados Unidos. Pero ahora viene lo mejor: habría tenido que practicarla el propio doctor Concha o alguno de sus alumnos".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 13 de enero de 2000