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FÚTBOL 17ª jornada de Liga

Van Gaal descarta a Rivaldo por negarse a seguir jugando como extremo izquierdo

El Barça jugará hoy en Vallecas sin su flamante Balón de Oro. El técnico del Barça, Louis Van Gaal, prescindió ayer del brasileño después de que éste le anunciara el lunes, delante de todos sus compañeros, que no se sacrificará más jugando en la banda izquierda porque él es un centrocampista. "Fue una sorpresa para mí y para todos. Y una pena", dijo ayer compungido el entrenador. "Nadie puede dar prioridad a sus intereses sobre los del equipo". El brasileño aseguró que quiere seguir en el Barça y dijo que es lo bastante humilde para no entrar en el equipo hasta que no juegue en su sitio.

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Rivaldo insistió anoche, en Antena 3, que no estaba utilizando la fuerza moral que le da el Balón de Oro para hacer "lo que quiera". "Pero es muy triste que la gente te silbe el mismo día que te dan este premio. Quiero demostrar que soy un grandísimo jugador en el centro del campo", dijo en alusión a los silbidos que recibió el domingo ante el Atlético. Quizá. Pero, en cualquier caso, el galardón que anunció oficialmente el lunes la revista France Football ha precipitado los acontecimientos de forma imparable. Su desenlace es, por ahora, imprevisible. El propio Van Gaal dijo ayer por la tarde, a la llegada de la expedición del Barça a Madrid, que estaba decepcionado -"no podía imaginar algo así"- y que la decisión tomada por Rivaldo tendrá unas grandes consecuencias para el club. "Y él lo sabía", remachó.Todo empezó el domingo. Rivaldo, que lleva 50 días sin marcar un gol en la Liga -la última vez fue el 30 de octubre en Riazor-, fue abroncado por una parte de la afición, que se exasperó ante sus pases de tacón o la rabona que intentó hacer ante Molina. Rivaldo acabó sustituido por Simao a falta de 15 minutos para el final. No acabó de ver el partido desde el banquillo: se fue a la ducha y no se entretuvo, como otros días, en la sala anexa del vestuario junto al resto de sus compañeros.

Antes del entrenamiento del lunes, Van Gaal ofreció la charla habitual y el brasileño tomó la palabra. Rivaldo dijo que se negaría a jugar como extremo porque lleva dos años y medio, desde que llegó al Camp Nou, sacrificándose en ese puesto. Sus compañeros se quedaron perplejos y Van Gaal, tan estupefacto que dijo que se lo repitiera dos veces. "Y se mantuvo en su posición", admitió el técnico. Faltaban apenas un par de horas para que se anunciara que Rivaldo había ganado el Balón de Oro. Luego, compareció ante los micrófonos, habló orgulloso del título recibido y minimizó que hubiera sido sustituido.

No trascendió el lunes nada de lo sucedido. Todo se supo ayer. El nombre de Rivaldo no figuraba en la lista de convocados y su ausencia se achacó en un principio a que Van Gaal le había concedido fiesta por el ajetreo de los últimos días. El propio Van Gaal desmintió esa primera impresión. Muy dolido, el holandés no perdió tiempo y aclaró que había prescindido de Rivaldo por falta de disciplina. "Es un buen jugador, en las últimas semanas se ha erigido en el mejor y se ha merecido el Balón de Oro. Pero no tengo dudas cuando un futbolista pone sus intereses por delante de los del colectivo", explicó. "La filosofía del club está por encima de todos".

Van Gaal guardó ayer su ira de otros días. El holandés había suavizado sus relaciones con el jugador e incluso le había disculpado últimamente su falta de instinto goleador diciendo que estaba contento de su rendimiento. El Barça ha vivido largos meses del talento de Rivaldo y sabe que lo necesita. "Es una pena increíble", dijo el técnico. "Ha ganado cuatro títulos jugando en esta posición en el Barça". Poco más añadió. Eso sí: no le ahorró elogios. "Estaba muy contento con ese premio. No sólo por él, sino por todos. Es un gran jugador que ha dado un rendimiento impresionante. Su talento es excepcional y un ejemplo, hasta ayer", dijo con una mueca significativa, "de buen profesional. Y es una buena persona".

El problema tiene una difícil salida: Rivaldo insistió ayer en que su petición le salía del "corazón" y que no piensa ceder. Y Van Gaal, tampoco. El técnico jamás tolerará semejante gesto de indisciplina. Giovanni lo sabe: dijo hace un año que no quería actuar de organizador porque hacía el ridículo y apenas volvió a jugar. Fue traspasado. Y Baía y Stoichkov agotaron rápidamente sus días en el Barça tras enfrentarse al entrenador. Un callejón sin salida. La directiva, por boca del vicepresidente Joan Gaspart, respaldó a Van Gaal aunque instó a ambas partes a solucionar el conflicto. Una paradoja: desde hace tiempo, el técnico ha pedido a la junta que solucione la mejora del contrato de Rivaldo, estancada desde hace medio año.

Desde que llegó al Camp Nou, Rivaldo, contratado a instancias del técnico Llorenç Serra Ferrer, había asumido con gran fastidio la plaza de extremo izquierdo, muy distinta a la de media punta que ocupa con Brasil. Van Gaal fichó en su segundo año a Zenden para liberarle -no funcionó- y luego a Litmanen para el puesto que más desea el brasileño. El resultado fue siempre el mismo: el brasileño siguió junto a la cal, aunque el debate parecía ya acabado. Rivaldo ya no se quejaba de ello, al menos en público, entre otras cosas porque Cocu o Sergi se encargaban de doblarle y porque muchos días acababa jugando los partidos donde quería.

Comedido, prudente, Rivaldo insistió en que no estaba lanzando un desafío y que está a gusto en el Barça, con la gente, con la ciudad e incluso aseguró que tiene "un buen contrato". "Quiero ayudar a ganar la Copa de Europa. Nunca he pensado en irme", dijo varias veces. "El entrenador se ha portado muy bien conmigo. Comprendo que no esté en la lista, pero no he presionado para entrar. Pero esto me sale del corazón y lo hago por mi bien y por el del Barça. No quiero que la gente me vuelva a pitar. Tengo el Balón de oro, pero soy lo suficientemente humilde para quedarme en el banquillo hasta no ganarme un puesto en el centro del campo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 22 de diciembre de 1999

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