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Reportaje:

Del podio al paro

José Antonio Fernández, subcampeón del mundo de kárate, pierde su empleo por competir

José Antonio Fernández Pérez, de 17 años, supo al mismo tiempo lo que se siente encaramado en lo alto de un podio y cómo se vive en el paro. El mismo día en que regresaba de Bulgaria con su flamante título de subcampeón del mundo de kárate -el campeón es un israelí-, el jefe de su empresa le ponía en la calle. En medio de las felicitaciones de sus compañeros, apareció un rostro grave que le comunicaba que no contaba más con él por sus continuas faltas de asistencia.Hasta entonces, el deportista había alternado su trabajo en el gimnasio José María Moboni, de la avenida de Buenos Aires (Madrid) con su trabajo como fontanero. "En realidad, como sólo llevaba tres meses con este empleo, lo que hacía era ayudar", explica.

Lejos de recibir la noticia del despido con indignación, el deportista asumió el paro con tranquilidad. "No me sorprendió nada. En realidad me lo imaginaba, y así se lo dije a mi jefe. Llevaba tres meses en este trabajo y tuve que faltar 15 días. Me dijeron que no podían aguantar una situación como la mía", explica.

José Antonio cuenta que advirtió en su empresa de que sus obligaciones con el kárate eran prioritarias para él. Las dos semanas de ausencia laboral se debieron a su participación en el campeonato mundial de Bulgaria. "Estuve una semana concentrado con el equipo, en un residencia de Alcobendas, y otra participando en las pruebas", dice.

El reciente subcampeón del mundo comenzó su carrera a los tres años y medio. "Fue mi padre quien me llevó al gimnasio. A él también le ha gustado siempre el kárate, pero, además, lo que quería era que hiciera algo, que me moviera y no estuviera en la calle", cuenta. José Antonio vive con su familia en el Pozo del Tío Raimundo. "El kárate me ha apartado de las drogas y de todas esas cosas", afirma. "Paso muchas horas en el gimnasio, y cuando salgo a dar una vuelta lo hago con mis colegas de toda la vida, sin meterme en líos", añade. Antes de trabajar como ayudante de fontanero probó suerte como mozo en El Corte Inglés y también como repartidor en una empresa de transportes. "Pero es imposible conservar un empleo cuando tienes que ir a competir", reconoce con resignación. Ahora vive gracias a la ayuda de su familia.No se le ha pasado por la cabeza dejar el kárate. "¿Cómo lo voy a dejar ahora que he llegado a lo más alto y soy subcampeón del mundo? Para mí, el kárate es mi futuro. Me gustaría ser monitor", dice. Mientras llega el momento de enseñar a otros, sueña con que alguien de la Administración deportiva se acuerde de él. "Lo único que recibo ahora de la federación es un chándal y una mochila", cuenta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 8 de diciembre de 1999