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FÚTBOL 14ª jornada de liga

El Valencia despacha al colista

El equipo de Cúper gana con facilidad a un paupérrimo Sevilla

Antes de enfrentarse el miércoles al Manchester en Old Trafford, el Valencia marcó las distancias ayer ante el colista, que son enormes, más en fútbol que en puntos. El Sevilla, si bien llegó repleto de bajas, retrató en Mestalla su clasificación, pues fue un equipo vencido desde el primer minuto hasta el último, lo que dejó a su técnico, Marcos Alonso, con la soga al cuello.El equipo de Cúper jugó a medio gas porque no necesitaba más. Reservó fuerzas para el miércoles, se supone. Y dejó constancia de sus actuales constante vitales: sincronización defensiva y cierta desgana atacante. De haber estado más hambriento el Valencia, el conjunto de Marcos se hubiera marchado con el saco lleno, de goles. Otra vez resultó espectacular el despliegue físico de Angloma, a sus 34 años.

VALENCIA 2

SEVILLA 0Valencia: Palop; Angloma, Djukic, Pellegrino, Carboni; Farinós (Òscar, m. 60), Gerard, Angulo (Albelda, m. 10); Mendieta; Claudio Piojo López y Sánchez. Sevilla: Valencia; Paco Mije (Héctor, m. 66), Hibic, Prieto, Tabaré, Nando; Ángel, Víctor; Tsartas (Juan Carlos, m. 60); Loren y Otero (Jesuli, m. 45). Goles: 1-0. M. 5. Sánchez, al segundo palo, cabecea un centro desde el córner del Piojo López. La defensa del Sevilla se quedó quieta. 2-0. M. 69. Angloma entra por la banda, centra templado, toca hacia atrás Gerard y marca Piojo López. Árbitro: Turienzo Álvarez. Amonestó a Tabaré, Angloma, Mije, Gerard y Pellegrino. Unos 25.000 espectadores en Mestalla.

El Sevilla llegó entregado a Mestalla y eso se notó al primer vistazo. Se metió tan atrás que el Valencia sólo tuvo que imprimir una pizca de velocidad, bombear un par de balones y ponerle la proa al partido, sin que el conjunto de Marcos Alonso hubiera dicho ni mu.

La debilidad aérea sevillista era evidente y los goleadores están para eso. Para estar ahí. Sánchez, que llevaba meses de sequía y de desacierto, por fin encontró su alimento. Estuvo en su sitio: en la línea de gol, para cabecear un centro de córner del Piojo que la defensa sevillista vio pasar como quien ve llover, que también llovía, por cierto.

En la entrada más pobre de la temporada en Mestalla, el Valencia tampoco se tomó el asunto demasiado en serio y, puesto que ganaba tan fácil, jugó con cierta pereza: entregando el balón y el campo, ante el enfado de sus seguidores, claro. Quiso el grupo de Héctor Cúper sacar partido de su contragolpe, pero para eso debe uno contar con dos delanteros veloces y no uno: pues si bien Piojo López está para eso, no es el caso de Juan Sánchez, rápido, sí, pero en distancias más cortas.

El partido estaba que ni fu ni fa cuando se fue la luz y empezaron a brotar pequeños fuegos en la instalación eléctrica del anfiteatro. El partido estuvo interrumpido alrededor de 25 minutos. Transcurrido ese lapso, las torres de luz volvieron a alumbrar el césped, mientras que en esa parte de la ciudad seguía sin suministro eléctrico.

El Sevilla se fio a la zurda de Tsartas y el griego a sus centros enroscados, pero era poca cosa para una defensa bien engrasada como la del Valencia. También Loren enseñó una gama de regates, aunque eligió mal enemigo: Carboni, que siempre se rehace a tiempo para evitar desperfectos.

Tras el descanso, el Valencia siguió haraganeando y el Sevilla emitiendo señales de impotencia. Tsartas perdía delicados balones en el centro del campo y Angloma exhibía la descomunal potencia de sus 34 años, que eran lo único que salpimentaba el deshilachado encuentro.

Bien eso y la salida al campo de Òscar, a quien Mestalla tiene ganas de ver más. Porque, aparte de su escaso espíritu de sacrificio, que seguramente es lo que le recrimina Cúper, es éste un futbolista técnicamente exquisito, de esos que provocan el suspiro de la grada. El Valencia entró en una fase de apatía tal que el Sevilla hubo de marcharse arriba casi por obligación. Lo que fue aprovechado de inmediato por Angloma, que penetró por su banda, centró templado, tocó hacia atrás Gerard y sentenció el Piojo. Pues eso era: la sentencia. No cabía respuesta alguna. El Sevilla acabó como empezó: moribundo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de diciembre de 1999