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Una Cenicienta del año 2000

¿Quién es Mariah Carey? Mucha gente por encima de los 30 años hubiera ayer puesto cara de extrañeza ante esta pregunta. Mariah Carey era la causa principal de que la calle de Rafael González Abreu de Sevilla estuviera colapsada durante horas. Alrededor de 200 seguidores de Mariah Carey se concentraron en torno a la sede de Radio Sevilla y aguantaron durante horas la lluvia y las incomodidades porque soñaban con ver durante unos segundos a su diosa. ¿Es Mariah Carey una nueva divinidad que entronca con los cultos paganos para salpimentarlos con las ensaladas filosóficas de la new age? No. Mariah Carey es una mujer embutida en un look de eterna adolescente que ha vendido decenas de millones de discos en todo el mundo. Mariah Carey es una cantante.Cerca ya de la treintena, Mariah Carey es una neoyorquina que hace una década trabajaba de camarera. Un día reconoció en una mesa al poderoso Tommy Mottola, presidente de la discográfica Sony, y le deslizó en el bolsillo una cinta con su voz grabada. El resto de la historia es una mezcla del merengue de Cenicienta con las siniestras obsesiones del protagonista de El coleccionista. Mottola, 20 años mayor que la cantante, se casó con ella. Mariah Carey desbordó todos los límites del triunfo y Mottola la confinó en una mansión dorada que costaba 10 millones de dólares. Al final, la cantante huyó de la jaula y se separó de su promotor.

Esta estrella de las postrimerías del milenio estuvo anoche en la Gran Gala de la Hispanidad. Tres horas antes, la cantante acudió a Radio Sevilla para ser entrevistada en los estudios de Los 40 Principales. Los adolescentes que abarrotaban la zona tejieron una masa humana de gritos, alaridos y banalidad. Mariah Carey tenía previsto llegar a las 16.30. Fiel a la leyenda que se exige a toda diva, la cantante llegó a Radio Sevilla a las 18.30. Para entonces había llovido a cántaros, algunos chavales se habían encaramado encima de varios coches y un pintoresco personaje, un tanto talludito para chapotear en tan magno acontecimiento, buscaba a gritos, mientras sostenía a su perro con la correa, un intermediario que le diese su ofrenda a Mariah Carey: un paquete de cigarrillos.

Un par de guardaespaldas, representantes o vaya Dios a saber qué de Mariah Carey llegaron al lugar cinco minutos antes para preparar el terreno. Vestían de negro, tenían la piel negra y unos cráneos tan rasurados que parecían de charol. Un prolongado rapto de histeria recibió a la cantante. Varios devotos de su culto se lanzaron sobre el coche. La policía y los guardaespaldas intentaron poner freno a la avalancha. La cantante se escabulló protegida por su servicio de vigilancia.

Decenas de fotógrafos la esperaban dentro de Radio Sevilla. Mariah Carey se quitó las gafas negras y sonrió. Su diminuta camiseta con tirantes, sus pantalones vaqueros deshilachados y sus zapatos de altísimo tacón dejaban entrever una naturaleza exuberante que no parecía ajena a los prodigios de la cirugía. Dos pechos grandes y desafiantes como un alarde de la técnica atrajeron las miradas. "Eso es silicona", susurró una chica con una bonita cara de pillastre y un pecho tan plano como el de un muchacho.

Mariah Carey se sentó en el estudio de Los 40 Principales y contestó las preguntas. La cantante tuvo palabras de cariño para su colega Luis Miguel, con el que muchos quieren vincularla. "Me siento feliz de que él esté contento", dijo Mariah Carey en referencia al cantante mexicano. Luego, confesó que no había tenido tiempo de ver Sevilla. "Pero los fans que había a la puerta de la emisora son muy importantes", concluyó la cantante.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 13 de octubre de 1999

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