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Guterres pugna por la mayoría absoluta

La magnitud de la victoria socialista, única duda de las elecciones de hoy en Portugal

Los socialistas portugueses serán reelegidos hoy como primera fuerza política del país tras una campaña vacía de propuestas que ha estado prácticamente dominada por el conflicto en Timor Oriental. El primer ministro, António Guterres, ha reconocido que la abstención es su gran enemigo en las generales de hoy, que, según las encuestas, concederá a los socialistas una amplia victoria, posiblemente con mayoría absoluta.

La sensible mejora de la economía portuguesa, el éxito popular del rendimiento mínimo garantizado (una ayuda económica a las familias más desfavorecidas), el impacto exterior de la Expo de Lisboa y la capitalización del conflicto en Timor Oriental facilitarán, sin duda, la reelección de António Guterres, quien goza de un enorme prestigio y popularidad en el país, a pesar de que la mayoría de las grandes reformas que prometió para esta legislatura aún están pendientes.Con la ayuda de la herencia económica del anterior jefe de Gobierno, el conservador Aníbal Cavaco Silva, el primer ministro socialista consiguió la entrada en la moneda única europea, mejoró la calidad de vida de los portugueses y se dispone a "vencer un atraso estructural del país con respecto a Europa". El aumento de las inversiones, la bajada de los tipos de interés y el reducido índice de paro han provocado una evidente mejora de la calidad de vida para los ciudadanos, que, no obstante, pagarán el precio de un aumento del déficit comercial y un gran endeudamiento privado.

Aun así, el secretario general de los socialistas ha convencido a la población de que sigue siendo la mejor opción para el país, donde el primer líder de la oposición, el socialdemócrata José Manuel Durao Barroso, elegido hace cuatro meses como presidente del PSD, no ha tenido tiempo para forjar una alternativa convincente.

Durao Barroso ha criticado duramente las promesas incumplidas por Guterres (las grandes reformas de la justicia, la salud, la educación y el sistema fiscal), pero no ha conseguido presentar a la población un programa serio y digno de confianza. El ministro de Asuntos Exteriores del anterior Gobierno conservador se ha limitado a advertir de las graves consecuencias que tendría para el país la concentración absoluta del poder en manos de los socialistas, quienes ya controlan los ayuntamientos de las grandes ciudades y la presidencia, con Jorge Sampaio.

Por su parte, Guterres no se ha visto obligado a usar, una vez más, el anzuelo de las promesas y sólo ha pedido "confianza" para los próximos cuatro años. "Portugal", ha dicho, "nos exige que no perdamos el tiempo en acusar o atacar a los otros (...). Necesitamos todo nuestro tiempo para trabajar con ahínco y conseguir que Portugal sea cada vez mejor". Completamente seguro de su victoria, Guterres ha explicado que la próxima legislatura estará dedicada a "vencer el atraso estructural del país, para lo cual se necesita una mejora de la productividad de las empresas, la mejor cualificación de los empleados y una mayor eficacia y competitividad". Asimismo, el primer ministro considera que las grandes reformas del país no se hacen "con una ley de golpe, sino mediante medidas progresivas".

A pesar de los errores socialistas (el fracaso de la regionalización y de la ley para la ampliación del aborto), Guterres siempre tiene una especial habilidad de sacar provecho de las derrotas. Los fracasos siempre han quedado minimizados, y las victorias, magnificadas, gracias también a una débil oposición, concentrada en sus luchas internas por el poder y alejada completamente de orquestar una alternativa seria a los socialistas. De esta forma, la última gran encuesta del diario Público, la radio y televisión estatales y la Universidad Católica, daban a los socialistas un 47,2% de los votos (cuatro puntos más que en las elecciones pasadas), mientras los socialdemócratas superaban ligeramente el 30% y perdían exactamente cuatro puntos. Con la abstención más o menos habitual, esos resultados concederían la mayoría absoluta a los socialistas.

Para favorecer aún más sus perspectivas, el ex presidente portugués y líder histórico de los socialistas, Mario Soares, rompió su promesa de mantenerse al margen de las disputas partidarias y ha solicitado la mayoría absoluta para Guterres. "Cavaco Silva", dice Soares, "hizo cosas útiles para el país. Siempre lo dije y lo reconocí. Cavaco tuvo dos mayorías absolutas y cuando obtuvo la primera lo hizo en condiciones bastante semejantes a las actuales, en que el país estaba convencido de que era preciso darle fuerza para conseguir las cosas que él hizo. Es indispensable que haga ahora lo mismo con António Guterres". Y todo parece indicar que así será. Guterres ha conseguido capitalizar la ayuda internacional a Timor Oriental y ha mejorado la imagen del país con la Expo de Lisboa y el premio Nobel de Literatura del pasado año, el comunista José Saramago.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de octubre de 1999