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Entrevista:

JULIO SABALA SHOWMAN "Una ovación cerrada de aquí equivale a dos en pie de Sevilla"

Su nombre completo es de culebrón venezolano: Julio César Sabala de Jesús. Asegura tener 37 años. Visto al natural, cualquier parecido con Julio Iglesias, Stevie Wonder, Michael Jackson o Celia Cruz -algunos personajes de los 45 que clava en sus imitaciones- es pura casualidad. Este camaleón dominicano reivindica su espectáculo como un género inédito en el mundo. Algo tendrá quien es capaz de transformarse en sólo dos minutos en Pavarotti tras salir del cuerpo de Celia Cruz. Después de seis años, Sabala vuelve al País Vasco donde asegura que cosechó sus primeros éxitos. "Mis primeros llenos fueron en Bilbao hace 12 años". Ahora presenta en San Sebastián, en el teatro Victoria Eugenia, Licencia para imitar. Pregunta. Le presentan como un récord, un milagro, un asombro, miles de estrellas en uno. ¿Da usted para tanto? Respuesta.Ése es un grave problema. Es una responsabilidad andar a cuestas con todas estos calificativos que se les ocurren a los críticos. Lo que sucede es que mi trabajo ha sido tan honesto, tan fuerte, arduo y duro que estas frases corroboran que ese esfuerzo no ha caído al vacío. P. ¿No le produce cierto vértigo meterse en la piel de tantos personajes? R. Cuando uno lo mira en frío y de golpe, sí. Ahora bien, ése es el desenlace de un trabajo duro, gracias al cual he recorrido medio mundo. Ya estoy acostumbrado. P. ¿No le genera un cierto trastorno en su personalidad? R. Supongo, pero creo que una de las ventajas del show es que la gente tiene muy claro que detrás del personaje que imito está alguien que se llama Julio Sabala, intentando buscar el lado humorístico. No existe un refugio en el personaje ni una carencia de mi personalidad. Todo lo contrario: una facilidad para diversificarme que la pongo al servicio del humor. P. Usted que ha recorrido medio mundo, ¿comprueba que la gente es muy diferente? R. La gente reacciona prácticamente igual en todos los lugares, aunque hay matices. Los hispanos tenemos una sensibilidad común. Los japoneses son muy respetuosos. No se atreven, por respeto, a romper el silencio durante la actuación. Al final son muy efusivos. En el País Vasco, por ejemplo, hay una exigencia especial. Yo he aprendido en España las equivalencias. Una ovación cerrada en Bilbao o en San Sebastián equivalen a dos de pie de Sevilla. P. ¿Cómo definiría al público vasco? R. El público de aquí es muy exigente pero muy leal. Siempre llena el espectáculo, que es el mejor aplauso que puede recibir cualquier artista. P. ¿Su espectáculo está dirigido a un público poco erudito? R. No. Es para todo tipo de público. Probablemente éste sea, con el del mago Copperfield, uno de los espectáculos con más amplio espectro de público del mundo. No tienes que ser fan del artista para disfrutar con su imitación. P. Así al natural, usted no se parece en absoluto a Julio Iglesias... R. ¿Verdad?. Por eso dicen que es un milagro y un asombro. Yo mismo sigo asombrado. En serio, mis rasgos faciales me facilitan esta labor. Con muy pocos elementos y apliques logro la imagen del artista deseado. Mi estatura, el color de la piel, los rasgos faciales, mis dientes pequeños me facilitan las cosas. Todos estos elementos se confabulan a mi favor para desarrollar a los personajes. Luego está la elasticidad indiscutible en las cuerdas vocales que permiten esa versatilidad en el cambio de voces. P. ¿Le resulta fácil interpretar a mujeres? R. Es más fácil interpretar a mujeres que hombres porque ellas tiene más recursos. Ahora bien, hay que buscar mujeres que tengan una voz grave como la de Celia Cruz, Lola Flores o Tina Turner. P. ¿Le han dado licencia para imitar? R. La licencia la otorga mi talento. Los artistas a los que imito me lo han autorizado. Muchos de ellos son amigos míos. Si a alguien le molesta es problema suyo. P. ¿Usted cree que promociona a los artistas? R. Indiscutiblemente. No creo que Julio esté a disgusto porque yo le recuerde aquí. P. ¿Cómo fueron sus inicios en España? R. Fue un filtro muy importante. El nivel de mala leche que hay por aquí te permite hacerte luego a todo tipo de público. Eso me entusiasma.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 2 de septiembre de 1999