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Johnson logró el récord del equilibrio

Sus tiempos parciales fueron muy parejos, y logró mantener el ritmo cuando los demás perdían velocidad

Michael Johnson batió el jueves el récord del mundo de 400 metros porque hizo mejor que nunca la distribución de esfuerzos en una distancia que exige la convivencia entre una gran velocidad y una capacidad extrema de resistencia. Parecía extraño que el récord de Butch Reynolds aguantara tanto tiempo el asalto de Johnson Si alguien disponía de las condiciones para bajar de 43,29 segundos era el atleta tejano. Su marca en los 200 metros (19, 32) le ponía a tiro de récord en los 400. Por velocidad y porque Johnson ha corrido los 400 metros las suficientes veces como para reconocer los secretos de la carrera. De hecho, nadie se ha aproximado a sus marcas. Antes de la final de Sevilla, había hecho menos de 44 segundos en 19 ocasiones. Para los demás, la barrera de los 44 segundos es casi inaccesible. Sin embargo, la plusmarca de Reynolds se resistía. Todo porque Johnson no le encontraba el punto justo: la forma de lograr el mayor equilibrio posible entre el primer 200 y el segundo. En Sevilla lo consiguió por fin. Nunca ha estado tan cerca de conseguir dos parciales tan simétricos. Según un estudio de la Unidad de Biomecánica adscrita al Consejo Superior de Deportes, Johnson corrió los primeros 200 metros en 21, 22 segundos. El segundo parcial fue de 21, 96 segundos. Sólo se produjo, por tanto, una pérdida de 74 centésimas.

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Johnson casi logró calcar los tiempos de los dos parciales. Por eso batió el récord. Sin embargo no fue el más rápido en el primer parcial. El brasileño Panela pasó por los 200 primeros metros en 21, 13, nueve centésimas mejor que Johnson. El mexicano Alejandro Cárdenas también fue más veloz que el tejano en ese tramo de la prueba, con 21, 19 segundos. Parrela fue el atleta que consiguió el mayor pico de velocidad en la çarrera: 36, 720 kilómetros por hora entre los 50 y los 100 metros. Entre los 100 y los 200 hizo un parcial fabuloso de 10, 01segundos, frente a los 10,12 de Johnson. El norteamericano podía correr con más rapidez, pero su estrategia pasaba por equilibrar lo más posible los parciales.

En el paso por los 300 metros, Johnson era primero con un tiempo de 31, 66 segundos. Mientras los demás rivales padecían una pérdida notable de velocidad, Johnson sufría menos que nadie está caída en la curva de aceleración. Su parcial entre los 200 y los 300 metros fue de 10, 44 segundos. Corrió la curva con una facilidad extraordinaria. Parrela pinchó: cubrió el parcial en 10, 97 segundos, 53 centésimas más que Johnson. Cárdenas hizo 10, 92. Sólo el estadounidense Young (cuarto al final) consiguió mantenerse en los limites que marcaba su compatriota, con un parcial en la segunda curva de 10, 62.

Al paso por los 300 metros, la victoria de Johnson estaba anunciada. Los demás comenzaban a desinflarse: les había sacado medio segundo de diferencia después de pasar en tercera posición por los 200.Otra cosa era el récord del mundo. En alguna ocasión, Michael Johnson había corrido más rápido que en Sevilla. En Gotemburgo 95, había pasado por los 300 metros en 31, 55 segundos. Pero no consiguió batir el récord de Reynolds. Se quedó a diez centésimas. En la recta pagó su esfuerzo y su velocidad sufrió una caída demasiado pronunciada. En Sevilla ha consiguió que el famoso ocaso del que hablaba Edwin Moses fuera menos cruel. Johnson recorrió la recta final en 11, 52 segundos frente a los 11, 84 de Gotemburgo. Ningún otro atleta logró bajar de los 12 segundos en los últimos 1 00 metros. Los tres superaron los 23 segundos en los segundos 200 metros. Es decir, perdieron más de 1, 20 segundos en ese trayecto con relación a Johnson.

Todos los técnicos consideran que Johnson vale menos de 43 segundos. Con sus marcas en 200, debería situar su mejor registro cerca de 42, 60 segundos. Pocos han conseguido la simetría absoluta entre las dos mitades, pero ése es el objetivo que debería trabajar Johnson. En esa parte de la carrera, los últimos 1 50 metros, el principal enemigo es muy doloroso y se llama ácido láctico, residuo de la combustión de glucosa que genera la energía para el músculo. Un corredor de 400 alcanza una concentración exagerada de lactato en sangre, cercana a 25. Quienes han experimentado esa situación que el entrenador Manuel Pascua llama "convivencia con el lactato" hablan de un dolor insoportable, y los científicos cuentan que los músculos trabajan anaeróbicos (sin oxígeno) y alácticos. Johnson aguanta así los 150 últimos metros, unos 17s, aquéllos en que su velocidad depende más de su voluntad de sacrificio y de su tolerancia al dolor que de otra cosa. Después, como todos los atletas, el expreso de Waco tiene 20 o 30 minutos de náuseas, mareos y dolores, el tiempo que tarda el organismo en eliminar el ácido láctico.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 28 de agosto de 1999