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SEVILLA99 La ceremonia inagural

Una burla a la seguridad

Dos falsas mascotas 'Giraldillas' se colaron en el escenario portando la leyenda "repatriación de los presos vascos", en inglés

Dos mascotas falsas de los Mundiales de Atletismo se colaron anoche en la ceremonia inaugural y accedieron al escenario llevando en su pecho la leyenda en inglés "repatriation bask prisioners" ("repatriación de los presos vascos"), que pudieron ver miles de millones de espectadores en todo el mundo. Se trataba de dos Giraldillas que se sumaron a la que realmente participaba del espectáculo previsto. En su interior se hallaban respectivamente un hombre y una mujer, que fueron detenidos después.En la medianoche de ayer, la policía tenía retenidas a diez personas por distintos actos reivindicativos registrados durante la ceremonia de inauguración: al menos una de ellas, un hombre, se descolgó desde un palco con una pancarta también a favor de los presos vascos; y otro repartía octavillas en el mismo sentido en la zona de prensa.

Las tesis que manejaba la policía a primera hora de la madrugada de hoy era que las dos Giraldillas falsas habían accedido al estadio con su pertinente entrada. Una vez dentro se vistieron como la mascota (muy retratada en los últimos días por los medios de comunicación sevillanos) y empezaron a actuar como ella, con lo que no despertaron ninguna sospecha, a pesar de que la copia del disfraz tenía tonalidades algo más apagadas que la verdadera, que bailaba al lado del grupo Siempre Así mientras éste actuaba. El disfraz fue tan bueno que hasta el propio jefe artístico de la ceremonia las confundió y les dejó el paso libre. Una vez que estaban donde ellos querían, se estamparon en el pecho el cartel con sus reivindicaciones sobre los presos vascos.

Los diputados socialistas por Sevilla Amparo Rubiales y Luis Yáñez anunciaron ayer mismo que pedirán la comparecencia inmediata del ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, en el Congreso para explicar el, a su juicio, grave fallo de seguridad en la ceremonia. Las medidas de seguridad no parecían muy severas durante la ceremonia. Poco después de comenzar el desfile de los atletas, algo pareció fallar dentro del estadio de La Cartuja. El videomarcador dejó de funcionar y pudo pensarse que, entre los muchos detalles sin terminar del entorno, la luz se había ido.

En los accesos, apenas a 100 metros del estadio, dos operarios cambiaban minutos antes unos fusibles. Tampoco aquello era normal.

Pero pronto se fue aclarando. Entre los bailarines, en pleno centro del estadio, había demasiadas mascotas y sólo tenía que bailar una Giraldilla de verde. Las otras dos, en las esquinas, imitaciones de ocasión, se habían despegado la cinta verde del pecho y durante su baile se podía leer el lema "repatriación de los presos vascos".

El nerviosismo, aunque mucha gente no se llegó a dar ni cuenta, aumentaba por momentos. Con discreción pero de forma cada vez más firme, mientras se iban acercando a las salidas del estadio, dos parejas de seguridad detuvieron a las falsas mascotas. Según testigos presenciales, alguien comentó: "A esa Giraldilla le ha dado una lipotimia". Minutos después, cuando vio cómo la policía llevaba detenido a otro joven con coleta, que portaba una cámara de vídeo semicasera y a una chica que parecía llevar una pancarta doblada, ya notó que aquello era más grave.

Pese al despliegue de más de 4.000 policías en Sevilla estos días, la sensación de permisividad que se ha percibido en el estadio y sus alrededores ha sido enorme. Nada comparable con las medidas estrictas de acontecimientos similares en otros países, o incluso en Barcelona con motivo de los Juegos Olímpicos. Mientras se producían las detenciones, en la zona de los atletas, incluidos los de Israel, se podía estar a su lado e incorporarse casi al desfile con ellos sin que nadie prohibiera nada.

Ya arriba, en las gradas, tras un largo paréntesis de aplausos normales, hubo una gran ovación al salir Turquía, con el público en pie, en homenaje a las víctimas del trágico terremoto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 21 de agosto de 1999