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Teatro público con ayuda privada

El próximo 1 de septiembre las cuatro administraciones públicas propietarias del coliseo - Generalitat, Ministerio de Cultura, Diputación y Ayuntamiento de Barcelona - traspasarán la gestión del teatro a la fundación privada Gran Teatro del Liceo, en la que las administraciones son mayoritarias y en la que también están representados los antiguos propietarios y las empresas que forman parte del consejo de mecenazgo. "Somos pioneros en el mundo de la ópera de un diseño empresarial que es el que en el futuro puede hacer viable estos grandes espacios líricos. Un sistema de gestión mixta en la que la administración pública asume la responsabilidad última y tiene mayoría en los órganos de gobierno, pero que también implica a los mecenas y a la antigua propiedad. Es un sistema que en el futuro proliferará", afirma Josep Caminal. Para el director del Liceo, el papel del mecenazgo en la futura financiación del teatro es claro: "A corto y medio plazo, las administraciones deberían financiar los gastos de mantenimiento del edificio, sus instalaciones, las amortizaciones financieras y el pago de los sueldos de plantilla, mientras la fundación, a través del mecenazgo y la venta de localidades, deberá generar recursos suficientes para afrontar todo el gasto variable, la contratación de producciones operísticas, directores y cantantes. Este diseño permitirá a las administraciones acotar la incertidumbre económica de un teatro de ópera en el futuro". A ello hay que añadir, según Caminal, "una política de contención de gasto, la congelación de las plantillas, la racionalización de los costes de los montajes y saber crear cuentas de explotación paralelas aprovechando la polivalencia del nuevo edificio". El papel jugado por el mecenazgo en la reconstrucción del Liceo supera el 40% del presupuesto oficial, que se eleva a 16.000 millones de pesetas. Para el director del teatro esto tiene una clara explicación: "Una aportación de recursos privados tan importante en la reconstrucción de un teatro que ha pasado de ser privado a ser público no tiene más explicación que el hecho acertado de reconstruir el Liceo en La Rambla y recuperar la estética de la antigua sala y sin haber renunciado por ello a la incorporación de la nueva tecnología para que sea competitivo". Para Caminal, aquella decisión no sólo posibilitó una amplia captación de fondos privados, sino que "nos garantizaba a todos la posibilidad más inmediata para disfrutar del nuevo teatro. Además", dice, "qué derecho teníamos a negarle a la ciudad la implicación absoluta en su mismo centro histórico de un equipamiento cultural de la categoría del Liceo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 16 de agosto de 1999