La eterna sed de El Gordo

POSTALESIr a Málaga y encontrárselo feliz en la pared de un bar es inevitable desde hace más de seis décadas. Un hombre gordo, con los ojos cerrados, se seca el sudor con un pañuelo mientras en la otra mano sostiene un canotié. Está sentado en una mesita. El día es azul y luminoso. A su izquierda, fresca y dorada, espumea una cerveza. Este hombre está igual de contento desde hace 65 años. Nunca se ha bebido la cerveza, aunque esté ahí, sudando, para anunciarla. El lema es también mítico: "Cerveza Victoria, malagueña y exquisita". Los detractores de la marca cambian el último adjetivo por "extinguida". El Gordo, el Pepemena (así se le conoció en la posguerra por su parecido con un concejal malagueño de ese nombre) es el icono publicitario de la cerveza Victoria: una marca local que nació en 1928, de la mano de un empresario tonelero de Málaga apellidado Franquelo. Hoy la marca subsiste dentro del Grupo Cruzcampo, que será absorbido por Heineken en breve, tras abandonarlo Guinness. La cerveza ni siquiera se fabrica ya en Málaga, sino en Jaén o Sevilla, aunque mantiene un consumo estable pero modesto en la capital. Sin embargo, no hay bar en la ciudad que no tenga su cuadro cerámico con la imagen del gordo, o incluso alguna antigua serigrafía en chapa. Es un icono transgeneracional, símbolo de un carpe diem estival y marítimo que ha sobrevivido hasta a la cerveza que anuncia. Alfonso Heras, hoy directivo de Cruzcampo, fue en su época de vendedor "enemigo a muerte" de Victoria. Sin embargo, reconoce la sensación de "buen rollo" que le da ese gordo: "Me ha dado siempre una confianza como si fuera mi abuelo. Es un buen diseño", admite. Parte de la desconocida historia del muñeco ha sido recogida por el Francisco Alberto González García en el libro Imágenes sobre cristal. Publicidad estática proyectada en salas cinematográficas. En él recuerda cómo el publicista Antonio Bueno Muñoz y el dibujante Rafael Sánchez Campos modificaron un diseño preexistente del presidente de Victoria, Luis Franquelo, en el que ya se veían las constantes actuales. El Gordo, que ha ido adelgazando y modernizándose levemente con el tiempo, no era sino un pastiche de otros diseños de la época. Entre los más notorios se encuentran The thirsty man, el hombre sediento, otro gordo que se seca el sudor, y que desde principios de siglo sirvió para anunciar la cerveza Tuborg; el anuncio de Birra Alessandria de los años 20 del diseñador Achille Mauzan, o el anuncio de un calvo sudoroso muy similar, sólo que agobiado, que en los años 20 y 30 anunciaba en los diarios las pilules gaseadas del doctor Austin. Desde los años 80, coincidiendo con el declive de la marca, algunos diseñadores destacan el valor de una imagen omnipresente durante décadas en el fútbol, los toros, la Semana Santa, las Fiestas de Invierno y los tranvías malagueños. Se ha hablado hasta de protegerla a la manera del toro de Osborne, mientras algunos bares -el extinto CTB- lo usaron como reclamo. Su última salida del cuadro ha sido muy celebrada: en la exposición Málaga. Fragmentos de una travesía, muestra sobre la evolución histórica de la ciudad instalada en el aparcamiento de la Plaza de la Marina, se ha convertido, gracias a una escultura de Isabel Soto, en el símbolo tridimensional de la sed eterna. De una Málaga que se pliega feliz sobre sí misma.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0017, 17 de julio de 1999.