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TRIBUNA

Ataque va, ataque viene

LUIS ARRIETAMe ha tocado pasar de los primeros por la mesa del masaje y ya ven, no son todavía las siete de la tarde y ya estoy descansando. Y eso que he tenido que pasar por sorteo el control antidopaje. Habrán dicho "a ver éste que pasó muy deprisa el Galibier qué tiene dentro", pero no se preocupen, que no van a encontrar nada raro.

El inicio de la etapa ha sido superentretenido, tal y como se preveía. Ya la víspera por la noche lo hablamos en el equipo. "Ya verás", decía uno, "a media de 50 por hora y habrá escapada"; "que no", decían otros, "que todo el mundo se querrá meter de entrada y no saldrá ningún corte". Y, en efecto, salimos volando (también era cuesta abajo), y todos querían estar ahí, ahí, pensando que antes de Grenoble saldría el corte, pero no; pensando que saldría después del sprint bonificado, pero tampoco. Y ya entramos en el primer puerto subiendo a tope. Y nosotros, allí delante, sabiendo que había que pasarlo como fuera, sufriendo un rato, porque era seguro que de allí iba a salir la escapada y era fundamental estar ahí delante para poder controlar. Más de medio pelotón se quedó cortado atrás, y delante, mientras tanto, ataque va, ataque viene. Y todos se quedaban en nada porque la gente de los equipos que no metían a nadie, y los de los equipos con gente en la general que controlaban que no se fuera nadie peligroso, abortaban los ensayos. Hasta que hubo un momento en que soplaba aire de costado, en el que nosotros estábamos pendientes de proteger bien a Alex, que salió el corte. Han sido dos días de Alpes de más de 200 kilómetros, y otros 200 en Saint-Étienne, y ahora viene una etapa de las que nosotros decimos que son pestosas, y así vamos a estar hasta el día de descanso del lunes, sin tregua. Y mientras ello no nos suponga salir perdiendo, vamos a guardar las fuerzas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 16 de julio de 1999