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Maragall invita a CiU y el PP a recaudar fondos con la misma transparencia que él

La cena de Pasqual Maragall se convirtió ayer en el centro de la vida política. Miembros del Gobierno catalán y de todos los partidos parlamentarios se refirieron a ella, unos a favor y otros en contra, y no sólo en Cataluña. En el resto de España provocó las mismas pasiones y movió a pronunciarse a socialistas como José Bono y Rosa Díez, y a rivales políticos como Jaime Ignacio del Burgo (Unión del Pueblo Navarro) y el portavoz del Gobierno del PP, Josep Piqué. El propio Maragall intervino para defender la iniciativa y pedir a CiU y PP que hagan transparentes sus sistemas de financiación.

"Un atraco a mano armada" fue la expresión que utilizó el consejero de Política Territorial, Pere Macias, para referirse a la cena organizada por Maragall para recaudar fondos para su campaña. Su compañero de gabinete, Xavier Trias, tras afirmar que el candidato socialista se había situado en el límite de la ética porque "esto no es América", afirmó que los empresarios llaman al Gobierno catalán para que organice cenas similares. De hecho, CiU ya organizó un acto similar, recordó ayer el secretario de organización del PSC, Josep Montilla, cuando Miquel Roca era secretario general de CDC. Las donaciones eran secretas "y por eso no fueron polémicas", dijo. El sucesor de Roca, Pere Esteve, pidió ayer claridad en el sistema de financiación para "garantizar la estricta legalidad". También desde la izquierda hubo voces críticas. Jordi Guillot, portavoz de IC en el Parlament, calificó el acto de "contraimagen del cambio", mientras que Joan Ridao (ERC) afirmó que Maragall tiene detrás los "poderes fácticos". Piqué lamentó que el estilo de Maragall fuera tan norteamericano y "poco acorde con nuestras tradiciones", pero calificó de "abusiva" la interpretación de CiU de que había habido presiones sobre los empresarios. Mas se reafirmó ayer en sus acusaciones, aunque sin aportar dato alguno al respecto. El diputado navarro Jaime Ignacio del Burgo calificó la iniciativa de "insólita" y añadió que no entendía el afán de Maragall por lograr dinero para su campaña ya que, en su opinión, los resultados electorales garantizan que se cubran los costes. En defensa de Maragall intervinieron la eurodiputada Rosa Díez, que atribuyó las declaraciones de los convergentes al "nerviosismo" por verse pronto en la oposición. El presidente de Castilla-La Mancha, José Bono, expresó su convicción de que Jordi Pujol lamenta a estas horas no haber tenido él la idea antes. Maragall calificó de "muy ejemplar" la iniciativa, pues "por primera vez se producía un sistema de contribución económica a una campaña electoral totalmente transparente". El candidato socialista rechazó que, como dijo el consejero de Economía del Gobierno catalán, Artur Mas, se haya presionado a los empresarios para que fueran la cena, a no ser que por presiones se entienda "llamar a un señor para invitarlo", pues a algunos, según explicó, sí los llamó. En opinión de Maragall, los empresarios que fueron a su cena-coloquio y pagaron el cubierto a 100.000 pesetas, lo hicieron porque "votaron a favor de la transparencia". En esta misma línea, el ex alcalde de Barcelona invitó a CiU y el PP a hacer lo mismo, si bien apostilló: "Me temo que lo hacen igualmente, aunque no lo sepamos". El presidenciable desveló que había llamado a Miquel Roca porque "le quería consultar el mensaje" del coloquio, aunque no lo encontró, y tampoco el ex secretario general de CDC le encontró a él al devolverle la llamada. Maragall aprovechó para explicar que Roca es una persona que le ha "aconsejado muchas veces, y bien".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 9 de julio de 1999

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