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TRIBUNA

Un partido en la posición que quiere Héctor Cúper

El sentido común llevaría a pensar que el Lazio se encuentra en la posición más cómoda para afrontar la final de la Recopa. Por jugadores, por experiencia, por la vieja mística italiana en esta clase de partidos, el Lazio parece varios cuerpos por encima del Mallorca, un equipo sin tradición en las competiciones europeas, integrado por futbolistas de aluvión que utilizan el club como trampolín para otros destinos. Pero debajo de la lógica hay suficientes garantías como para pensar en una hazaña del Mallorca, que llega a la final en la posición que prefiere: desestimado por la crítica europea -las apuestas en Inglaterra sitúan al Lazio como favorito indiscutible- y silenciosamente unido en torno a un sueño que ha perseguido con obstinación durante toda la temporada.Héctor Cúper trataba ayer de buscar las palabras justas para equilibrar la humildad con la ambición. Difícil tarea, en la que Cúper es maestro. Siempre periférico, muchas veces desdeñado, el Mallorca se ha hecho fuerte a través de su rocosa voluntad para contestar a los escépticos. Ya lo hizo el pasado año frente al Barça en la memorable final de Copa, en una de las actuaciones más emotivas que recuerda el fútbol español. Aquella noche resumió punto por punto las características de un equipo que ha cambiado a la mitad de sus jugadores, pero que no ha perdido ni uno solo de sus valores: la organización, la solidaridad, el sentido del deber, la capacidad de sacrificio. Y también un raro instinto para convertir cada partido en un campo de minas para el rival.

Si el Lazio actúa con arrogancia pasará enormes dificultades para vencer al Mallorca. Dicho de otra manera: probablemente perderá. Frente a un equipo de partisanos no hay peor enemigo que la soberbia. Pero además el Lazio llega a la final con un grave problema de prioridades. Su principal desafío es la conquista del campeonato italiano. El empate del sábado en Florencia ha tenido efectos desastrosos sobre el ánimo del equipo y sobre su capacidad para afrontar la semana más decisiva para el equipo. El club también ha sufrido los efectos de la desmoralización. El lunes, las acciones del Lazio perdieron un valor global de 4.000 millones de pesetas, un golpe devastador que habla de la inconsistencia del fútbol como materia de inversión.

Dividido entre dos objetivos que le exigen la máxima atención en la plazo de tres días (final de la Recopa y último partido de Liga), el Lazio se medirá con un equipo que se sabe frente a la historia, con todo lo que eso significa como motor del entusiasmo. En este aspecto, el Mallorca no cometerá ninguna distracción. Se siente perfectamente preparado para dar esquinazo a la lógica. Lo ha hecho tantas veces durante los dos últimos años que, frente a los pesimistas, merece el máximo grado de confianza.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 19 de mayo de 1999