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Los expertos restituyen a Emilio Prados como uno de los grandes poetas del 27

"A partir de ahora habrá que poner a Emilio Prados delante en la nómina de la Generación del 27", avisó hace mes y medio el catedrático de literatura Javier Díez de Revenga en el congreso internacional sobre el poeta con que la Diputación de Málaga inauguró su centenario. En los últimos meses, muchos de los grandes filólogos e hispanistas han incidido en que Prados no sólo no es un poeta menor, sino que es un auténtico pionero.

Prados se anticipó en la defensa de la poesía pura a Guillén y en el surrealismo al resto del 27 para acabar construyendo una voz de influencia filosófica inspirada en el romanticismo alemán y el cancionero popular, absolutamente única. Son ideas extraídas del simposio malagueño, donde se ha iniciado la reivindicación del cofundador de Litoral. También la Junta se ha sumado al rescate del poeta malagueño que murió exiliado en México en 1962. A través del Centro Andaluz de las Letras se han editado 100.000 ejemplares de una antología esencial que se repartirá gratuitamente en las bibliotecas andaluzas. Hasta su casa natal (Strachan, 3) tiene ya una placa. "El centenario debe conseguir que las obras de Prados se puedan encontrar en las librerías". Quien repite esta idea es el filólogo malagueño Francisco Chica, comisario de la gran exposición que recorrerá a partir de septiembre Málaga, Madrid y México bajo patrocinio de la Residencia de Estudiantes, uno de los lugares capitales de la formación pradiana. Chica ha sido el descubridor y editor del facsímil de Mosaico, primer poemario de Prados, inédito hasta hoy. Antes de Mosaico el primer libro oficial del poeta era Tiempo, que recoge parte del material del descubierto. Dormido entre los papeles que el Archivo Histórico Nacional guarda de Juan Ramón Jiménez, Chica encontró hace dos años un curioso manuscrito fechado el día del Corpus de 1925. En 94 cuartillas, el sueño, el tiempo, el espacio, la muerte y los espejos convirtiéndose en obsesión constante pueblan un libro más cercano a un guión cinematográfico que a un poemario. "Una obra singular con influencia de las vanguardias, y básica para comprender la formación del poeta", apunta Chica. Prados destruyó cuatro poemarios antes de Mosaico. Su amistad con Juan Ramón le llevó a enviarle un manuscrito que durante 70 años ha dormido en los papeles del Nobel. Chica añade otro deseo para el centenario. "Que se superen los tópicos de difícil y epigonal, que se le lea y se descubra a un poeta profundo y a un pionero en su generación".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 26 de abril de 1999

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