SE ACABÓ EL ESCAPARATE
Durante ocho horas al día, las tres chicas se dedicaban a actividades clásicamente consideradas como femeninas: tricotar, pintarse las uñas, leer novelas, cocinar o entregarse al chafardeo. Lo hacían delante de todo el mundo, instaladas en los grandes escaparates de los almacenes Lafayette, en el centro de París. Y lo hacían en ropa interior, de ahí el escándalo. "Es una nueva etapa en la cosificación del cuerpo humano, que es tratado como una mercancía", dijo Michelle Perrot, autora, junto con Georges Duby, de Histoire des femmes. "Tratar así a las personas es tan degradante para las mujeres exhibidas como para nosotros, espectadores involuntarios de su conversión en objeto", dicen diputados ecologistas, gaullistas o socialistas. Dos ministras, Segolene Royal y Elisabeth Guigou, se han sumado a la protesta. La primera afirmando que "no quiero que la ley del mercado y del provecho pase por delante de la dignidad de la mujer". A la segunda, titular de la cartera de Justicia, le "choca" una iniciativa "que asimila las mujeres con una mercancía". "Nuestras modelos no son vulgares, no aparecen en una posición degradante. Son bellas, no van en tanga y en sus expresiones no hay nada de lascivo". Es el punto de vista de Chantal Thomass, creadora de lencería, que así ha promocionado sus diseños con la complicidad de los almacenes. La irritación de las ministras ha podido con el invento. Los almacenes renunciaron ayer a seguir con él y anunciaron que iban a "desplazar" la presentación de la "colección al interior". Los mirones y curiosos se quejaban con escepticismo: "La verdad, si estuviésemos en la playa, apenas les habríamos prestado atención".- ,


























































