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Reportaje:

Telefónica cumple 75 años

La mayor empresa española celebra hoy sus tres cuartos de siglo en un marco de fuerte competencia en el mercado

La avenida de Pi y Margall, hoy Gran Vía, una de las arterias principales en el callejero de Madrid, conoció el 12 de octubre de 1926 uno de los grandes momentos de su historia. En medio de la expectación de los transeúntes, ese día se iniciaron las obras para la construcción del nuevo edificio de teléfonos de Madrid, La Telefónica, que poco después se convirtió en sede social de la Compañía Telefónica Nacional de España (CTNE). La empresa, denominada ahora Telefónica, se había creado el 19 de abril de 1924, con domicilio social en la calle del Conde de Peñalver, 5, y un capital de un millón de pesetas. Hoy, 75 años más tarde, Telefónica es la primera empresa española por beneficios (217.000 millones de pesetas, 1.305 millones de euros), ingresos (2,9 billones de pesetas) y valor en Bolsa (alrededor de 7,54 billones). Su capital social se eleva a 522.687 millones de pesetas y de los 78.124 clientes con los que arrancó ha pasado a casi 50 millones en 11 países de Europa y América Latina. Hace 30 años, las matildes, como se bautizaron sus acciones a finales de los sesenta, valían 315 pesetas. El pasado viernes cerraban a 6.814.

Aunque Telefónica no trajo el teléfono a España, su creación respondió al deseo del dictador Primo de Rivera de poner orden en el servicio telefónico español mediante su concesión a una única empresa. El primer teléfono fijo se instaló en España en la localidad de Fregenal de la Sierra (Badajoz), en marzo de 1880, a iniciativa de Rodrigo Sánchez Arjona, un industrial al que los vecinos apodaron El Brujo.

El 25 de agosto de 1924, el rey Alfonso XIII autorizó al Gobierno a contratar con la Compañía Telefónica Nacional de España "la organización, reforma y ampliación del servicio telefónico español" como ganadora de un concurso frente a Ericsson y NAT Electric Works. Cuando el Gobierno, a instancias del director del Cuerpo de Telégrafos, José Francos Rodríguez, decide unificar el servicio telefónico, existían 147 redes telefónicas urbanas.

Fin del monopolio

Al poco tiempo, la CTNE agrupaba todas las concesionarias, salvo dos significativas excepciones: la red provincial de la Diputación de Guipúzcoa, que fue absorbida en 1950, y la telefonía urbana de San Sebastián, que hasta 1970 no pasó a manos de la actual Telefónica. Era la culminación del monopolio que disfrutó Telefónica hasta que Retevisión empezó a dar servicio el 23 de enero de 1998. Telefónica, a diferencia de la mayoría de las grandes operadoras europeas, nació siendo una compañía privada participada por la estadounidense International Telephone and Telegraph (ITT). En agosto de ese año, el primer presidente de la CTNE, Estanislao de Urquijo y Ussía, marqués de Urquijo, firma el primer contrato con el Estado, que impone algunas obligaciones sobre el servicio y garantías de acceso para todos los ciudadanos.

La operadora, cuya sede en Madrid fue bombardeada durante la guerra civil y en Barcelona sirvió de fortín, pasó la contienda en absoluto silencio, ya que entre 1931 y 1941 ni acudió a su cita anual con los accionistas ni publicó memoria. El 1 de mayo de 1933 Telefónica, que ahora vive momentos de tensión laboral y ha resuelto las tres últimas juntas en medio de graves conflictos de orden público por las protestas contra la supresión de 14.000 empleos, firmó su primer convenio colectivo. La compañía fue nacionalizada mediante una ley de mayo de 1945 y el Gobierno nombró presidente a José Navarro Reverter. Los años cincuenta y sesenta estuvieron marcados por la expansión de la compañía, que ya en 1946 había dado entrada en su capital a grandes bancos. En 1953, cuando España llega al millón de teléfonos instalados, sólo 11 países en el mundo habían alcanzado esa cota.

Antonio Barrera de Irimo, que ocupó la presidencia de 1965 a 1973, popularizó las matildes y elevó el número de accionistas a 253.000 (hoy son más de 1,5 millones), modernizó la gestión y combinó desarrollo financiero y tecnológico (trajo a España las comunicaciones por satélite, extendió el servicio de cabinas e impulsó los servicios de transmisión de datos). Al entrar en el Gobierno con la cartera de Hacienda, le sucedió José Antonio González-Bueno, que introdujo la fibra óptica, el arma con la que hoy la competencia pretende hacer más daño a Telefónica.

Dos presidentes más se sucederán (Tomás Allende y Salvador Sánchez-Terán) hasta que en 1982 se hace cargo de la compañía Luis Solana Madariaga. Empeñado en hacer de la CTNE una empresa moderna, cambió el anagrama y el nombre de la empresa por primera vez en 60 años de historia. Las acciones empiezan a cotizar en las bolsas de Nueva York, Londres, París, Francfort y Tokio, y la compañía se abre a América Latina.

Fruto de aquella apuesta, traducida en una inversión acumulada de 100.000 millones de dólares en la región, Telefónica es hoy la primera operadora latinoamericana. Está presente en Argentina, Chile, Perú, Puerto Rico, Venezuela, El Salvador, Guatemala y Brasil, y ha podido codearse con gigantes como AT&T (número dos mundial), GTE o British Telecom, a las que el actual presidente rechazó como socios antes de unirse a MCI WorldCom en una alianza cuyos resultados están por ver.

Apuesta internacional

La apuesta internacional de Solana supuso, sin embargo, una merma generalizada de la calidad del servicio en España. Le correspondió a Cándido Velázquez-Gaztelu poner orden de nuevo. Comprometió inversiones de 600.000 millones de pesetas para mejorar la calidad, impulsó la telefonía móvil y perfiló la salida del Estado del capital. Ésta se produjo definitivamente en febrero de 1997, bajo la presidencia de Juan Villalonga, amigo de infancia del jefe del Gobierno, José María Aznar, que le nombró para el cargo en el verano de 1996. Su gestión se ha volcado en la revalorización de las acciones y en conseguir el control de importantes medios de comunicación (participa en Antena3TV, Vía Digital y los diarios Expansión y El Mundo, entre otros medios) y está a punto de controlar Onda Cero. Villalonga terminó con las matildes cuando anunció que sustituiría el tradicional reparto de dividendos por la retribución mediante ampliaciones de capital gratis para el accionista. Ha llevado a cabo la mayor ampliación de capital de la historia de las bolsas europeas (427.032 millones de pesetas), dedicada en parte a financiar la expansión en Brasil. En un año ha perdido un 10% del mercado frente a Retevisión, y ahora basa su estrategia de crecimiento en la telefonía móvil y en las comunicaciones por Internet.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 19 de abril de 1999