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Un sorprendente "homenaje"

Varios premios Nobel arremeten contra Hemingway en un seminario para celebrar el centenario del autor

El pasado fin de semana, un grupo de intelectuales congregado en Boston (Massachusetts) llamó a Ernest Hemingway misógino, racista y hasta mal escritor, y para colmo, uno de sus hijos desveló que padecía hemorroides. Y eso que se trataba de un homenaje al autor de Adiós a las armas, cuya novela póstuma, True at first light, está a punto de publicarse. Si no se hubiera suicidado de un disparo en 1961 en su casa de Idaho, Hemingway habría cumplido ahora cien años, y con este motivo la Biblioteca Presidencial John F. Kennedy, de Boston, había organizado una conferencia para discutir su figura y sus libros. El repaso que le dieron fue sorprendente, tan irreverente como tozudo y recalcitrante fue el mítico escritor en su vida. Entre los invitados a la conferencia estaban cuatro premios Nobel: Nadine Gordimer, Derek Walcott, Saul Bellow y Kenzaburo Oe, así como escritores de gran prestigio como Tobias Wolff y E. Annie Proulx. Todo empezó con una discusión sobre si era procedente o no publicar ahora True at first light, un ingente manuscrito sobre safaris en África que Hemingway había dejado en un cajón antes de morir y que su hijo Patrick, después de revisarlo concienzudamente, ha reducido a un libro de 850 páginas que la editorial Scribner tiene previsto poner a la venta en julio. No es el primer trabajo de Hemingway que sale a la luz a título póstumo, pero sí se ha anunciado que será el último. Pese a ello, la idea no ha gustado a algunos escritores. Tobias Wolff, autor de Vida de este chico, que aseguró que él no va a dejar nada atrás cuando le llegue la hora y que lo tirará todo a la basura. "Voy a tener que empezar a quemar todo lo que tengo", coincidió el poeta antillano Derek Walcott, refiriéndose a la posibilidad de que alguien rescate sus papeles privados en el futuro sin que él haya dado autorización. Nadine Gordimer defendió igualmente el derecho a la intimidad del autor para rechazar la publicación póstuma de material inédito.

Entonces llegó el momento de analizar el mérito literario de Hemingway, y en concreto de sus últimos escritos (época en que se enmarca True at first light). Walcott dijo que en esa época se notaba un "gozo vacío" y un tono "patricio" en el trabajo del autor. Y el novelista Leslie Epstein (El rey de los judíos) resaltó cómo Hemingway podía ser "amanerado y evasivo" en su escritura.

Seguidamente, la escritora surafricana Nadine Gordimer puso sobre la mesa la cuestión de si, para empezar, Hemingway estaba cualificado para hablar de África o no. "Estaba enamorado de África en un estado emocional que se construyó él mismo, de acuerdo a sus necesidades y deseos", dijo Gordimer. "Pero era algo que tenía poco que ver con la realidad del continente. Espero no ofender a nadie si digo que Hemingway nunca tuvo los dos pies en África. Nunca llegó a estar allí realmente". "Porque un país es su gente", explicó la escritora. "África es su gente, y para Hemingway era una postal en tres dimensiones de la que salían ciervos de entre los matorrales al amanecer". Hubo hasta reproches acerca de la discutible corrección política de la afición a la caza de Hemingway. Saul Bellow recordó que una amiga suya había ido una vez en barco con Hemingway y que éste se puso a pegar tiros a los tiburones con una escopeta, una forma de pescar mucho menos honrosa que la que se cuenta en El viejo y el mar. Las acusaciones de machismo vinieron de parte de E. Annie Proulx (Postcards), que dijo que las mujeres en su literatura eran "muñecos", y de Francine Prose (Bigfoot dreams), que habló de la "horrible calidad de muchos de sus personajes femeninos". Respecto a La breve y feliz vida de Francis Macomber, un relato corto de Hemingway, Prose dijo que era "una de las historias más desagradables jamás escritas" y "terriblemente misógino".

"Francamente, Ernie es un tipo duro, lo resistirá", apuntó Stephen Plotkin, uno de los organizadores de la conferencia, a modo de defensa del autor, cuyos archivos permanecen en la biblioteca John F. Kennedy. Hubo, además, otros que sí equilibraron un poco la balanza con comentarios positivos. Es cierto: no se trata de la primera vez que la genialidad de Hemingway se pone en cuestión, pero sí que se haga en el marco de un homenaje en las vísperas de un esperado libro póstumo. Para que no quedara ningún títere sin cabeza, Patrick Hemingway, uno de sus hijos, ofreció durante un banquete y en exclusiva la noticia de que su padre tenía almorranas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 16 de abril de 1999