Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
ROCK

En forma

Bob Dylan"s Band Gira Never Ending Tour. Velódromo Lluis Puch. 15 de abril de 1999. Valencia. JUANMA JÁTIVA Ya lo advirtió Andrés Calamaro, a quien ha cabido el reto y la suerte de ser telonero de Dylan en esta gira española: "Estoy preparando la llegada de Moisés, que separará las aguas a continuación". Y es que servir de aperitivo a una leyenda como Dylan, cada vez más huraño y que parece hablar más con Dios que con los hombres, no debe ser tarea fácil. Vestido de negro, sin cámaras que le robaran el alma, Dylan salió más que puntual al escenario, con cinco minutos de adelanto sobre el horario previsto. Cosa de agradecer, puesto que la noche era fresca y los 3.000 espectadores que acudieron a la cita con el mito no bastaban para caldear el ambiente. En todo caso, el inicio del concierto no propició precisamente la subida de temperatura, puesto que arrancó de forma templada a base de baladas y canciones no excesivamente conocidas o más bien no demasiado reconocibles. Desde un planteamiento totalmente acústico en esta primera parte, por el aire parecieron sonar los acordes y textos de Girl of the north country land y Desolation row, entre otros temas menos habituales. El Dylan que teníamos delante no era sin embargo el más ácido sino el más melancólico, hasta el punto que su expresión parecía incluso amable, arropado por esos arreglos de corte country y ritmos cadenciosos que invitaban a cimbrearse. El público despertó cuando sonaron los compases de Mr Tambourine man. Forever young, otro clásico del cancionero dylaniano, marcó la transición al apartado eléctrico y, a partir de ahí, la voz de su intérprete pasó del tono áspero y acariciante anterior a una entonación más imperiosa y clara. La única concesión a la galería, a partir de este momento, fueron las incursiones en grandes éxitos del calibre de Just like a woman o Menphis blues again, con nuevos arreglos, acento sureño y un juego de guitarras chispeantes que no suscitó el entusiasmo del público. Nadie esperaba sorpresas y no las hubo, pero tanto Dylan como la banda que le acompaña en este tour interminable dieron la talla. Aunque no faltaba quien justificaba su presencia en el concierto porque "seguramente es la última oportunidad de verlo", la energía desplegada por el casi sexagenario Dylan, en perfecto estado de voz, daba a entender que al genio de Minnesota aún le queda cuerda para rato.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 16 de abril de 1999