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Sólo les faltó abuchearle

Un aguafiestas. Eso es lo que fue Jose María Olazábal. Un aguafiestas. Para la empresa y el público de Augusta, que soñaban con un duelo final entre los golfistas más populares -Duval, Norman, El Tigre Woods-, o como mal menor, en un triunfo del local David Love, el triunfo del jugador vasco fue lo peor que le podía pasar al torneo. Ya hasta parece lejano el año 1997, el del triunfo de Woods, la victoria de un jugador de color, joven y tremendamente espectacular, que parecía anunciar la entrada del torneo más tradicional en la senda del glamour y el superventas. La victoria en 1998 del gris O'Meara tuvo un pase porque, al menos, era la de un jugador noteamericano. Pero el dominio de un español desde el viernes ha sido superior a sus fuerzas.Algún periódico, que reflejó lo mal educados y fríos que estuvieron los aficionados con Olazábal -lo único que les faltó fue abuchearle- en los hoyos decisivos del partido, en contraste con las ovaciones y hurras lanzados hacia el australiano Greg Norman, recuerda a la gente que el vasco merecía de verdad el triunfo. Cita también lo mal que sentó entre los jefes de Augusta el triunfo de un español. "Qué decepción", decían algunos de los viejos socios viendo el marcador.

Como mucho, la prensa de Estados Unidos, incluido el New York Times, que le dedica una pequeña fotografía en portada, destaca la recuperación de Olazábal del drama vivido hace tres años. Y poco más.

Y cuando se le preguntó al jugador si no había sufrido viendo que todos los aplausos iban para Norman, él respondió con una sonrisa: "Al contrario, disfruté un montón. Era lo que esperaba".

Olazábal esperó, muy educadamente, a Norman para llegar juntos al green del 18. Los insidiosos han dicho que era para aprovecharse de los aplausos que iba a recibir, a buen seguro, el desfortunado australiano.

No conocen a Olazábal.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 13 de abril de 1999