Un río pútrido
El saneamiento del río Segura es un antiguo anhelo de los municipios ribereños, y particularmente los de la Vega Baja, que vienen padeciendo desde muchos decenios la contaminación y abandono de este castigado cauce y caudal, si vale la hipérbole. Pugnar por una solución -como hace la Comisión Pro Río- es un deber que concierne en primer lugar, pero no exclusivamente, a todos los afectados y que no puede quedarse en mero pataleo. Por eso nos parece plausible que denuncias y protestas se documenten debidamente, como ha sido el caso del ex diputado Martínez Campillo, asesorado por el edafólogo Manuel Nieves, de la Universidad de Elche, que ha constatado graves concentraciones tóxicas en esas aguas, confirmadas por otros estudios solventes. Lo necio es que, para no provocar alarma social, se pretenda simular esa toxicidad, que es obvia. Lo realmente alarmante es que sea la citada universidad y un presidente de Diputación quienes hagan ese papelón.


























































