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La Audiencia impone 14 años de cárcel a un pederasta que violó a dos niños en un parque

La Audiencia de Madrid ha impuesto 14 años de cárcel a un pederasta que cometió graves fechorías sexuales contra dos niños de nueve años en el parque Norte de Madrid. El condenado, Javier P. R., de 34 años, vio a los menores jugando en el parque, les agarró de las camisas y les llevó hasta una escondida zona de arbustos. Una vez allí, les amenazó "con matarles" si no accedían a sus deseos sexuales. Incluso les ofreció elegir qué preferían que les hiciera. Uno de los niños, muy asustado, le ofreció las 200 pesetas que portaba en su bolsillo para que les dejase irse.

Al pederasta le pareció poco dinero y rechazó la oferta, según declararon los niños en el juicio.El relato de hechos que expone la Audiencia de Madrid es sumamente escabroso: el acusado llevó por la fuerza a los menores al parque Norte, "les obligó a sentarse en el suelo y, bajándose los pantalones, les dijo que eligiesen entre hacerle una felación o ser objeto de sodomización. En caso contrario, les mataría".Fue en ese momento cuando uno de los menores se metió la mano en el bolsillo y le ofreció las 200 pesetas que llevaba. "Los menores, temerosos de que [el acusado] pudiese cumplir su amenaza [amparándose] en su mayor fuerza física", accedieron a sus deseos. Estos hechos ocurrieron sobre las 17.30 del 23 de marzo de 1998.

Aunque el acusado negó en el juicio todas las imputaciones, el tribunal entiende que hay pruebas sobradas de su intervención en ambas violaciones. Tras ser agredido, uno de los niños corrió a su casa y contó lo sucedido a su madre, que avisó a la policía.

Dos agentes, vestidos de paisano, acompañaron a la madre y al menor por los alrededores del parque en busca del agresor. Le sorprendieron sentado en un banco del parque, acechante. Al verle, el niño "dio un respingo" y le identificó sin titubeos, según recoge la sentencia, basándose en el testimonio de los agentes. "Es él", dijo el crío, con firmeza.

Contradicciones

El agresor echó a correr al ver al niño. Los agentes le dieron alcance y lo detuvieron. En comisaría, Javier P. R. se derrumbó y confesó haber abusado de ambos menores. Sin embargo, al llegar al juicio se retractó de la declaración que prestó ante la policía.

Durante el juicio le preguntaron por qué negaba en ese momento lo que había reconocido en la comisaría. El procesado respondió que la policía le obligó a firmar esa declaración y que el abogado que le asistió era de los de oficio. "Me pusieron varias hojas sobre la mesa y las firmé sin leerlas", dijo. El tribunal no le cree.

El juicio contra este pederasta se celebró a finales de enero en la Audiencia Provincial. El fiscal, Justino Zapatero, le sentó en el banquillo por tres delitos de agresión sexual contra tres niños, y pidió una condena para él cercana a los de 30 años de cárcel. También solicitó que el procesado indemnizase con 4,5 millones de pesetas a las víctimas.

El tribunal le ha absuelto de una de las tres agresiones que le imputaba el fiscal. Se trata de otra brutal agresión sexual cometida en el mismo parque y contra otro niño el día 4 de febrero de 1998. En este caso, el pederasta obligó al menor a que le masturbase. El tribunal entiende que no hay pruebas suficientes que permitan atribuir esa agresión a este acusado. Interpreta que el menor incurrió en contradicciones durante su declaración en el juicio y que efectuó una descripción física de su agresor que no se corresponde con la del acusado.

En el juicio, el abogado defensor pidió la absolución de Javier P. R., aunque dejó al tribunal la opción de imponerle dos años de cárcel, uno por cada agresiòn sexual. Alegó que su cliente sufría una grave alteración psíquica.

"La única afectación que padece el procesado es un trastorno de la personalidad", pero era consciente de sus actos y capaz de distinguir entre el bien y el mal, apostillan los jueces que componen la Sección Cuarta de la Audiencia.

Aparte de los 14 años de cárcel, el acusado deberá indemnizar a los dos niños con cuatro millones de pesetas por los daños morales causados.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 25 de febrero de 1999

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