Las elecciones en Nigeria no lograron vencer el abstencionismo

ENVIADO ESPECIALLas elecciones legislativas de Nigeria, celebradas ayer, no lograron despertar la ilusión de los votantes. Pese a su importancia, y tras 15 años de dictadura militar, muchos de los 66 millones de nigerianos registrados en el censo electoral optaron por quedarse en casa.

No hay cifras oficiales de participación, pese a que los más de 100.000 colegios cerraron las urnas a las dos y media de la tarde. En la provincia de Lagos; la abstención ha sido muy alta, sin duda, superior al 60%. "No podemos votar a los que no conocemos", afirma Silverter. "Es como enviar una postal a alguien de quien no sabes su dirección", añade.

Ebu, sin embargo, cree que la gente votará en forma masiva en las presidenciales, el 27 de febrero, pues son las importantes, "en ellas se decide quién va a mandar en este país".

Basil, un nigeriano de la etnia ibo de 25 años, sostiene que la baja participación es un voto de castigo a los tejemanejes ocurridos en las primarias de los tres grandes partidos el pasado fin de semana. A Basil, como a otros muchos habitantes del este, no les gusta que el Partido Democrático del Pueblo (PDP) eligiera al ex general Olusegun Obasnajo como candidato a la jefatura del Estado. "No aceptamos a los militares ni aunque se disfracen de civil. Un general siempre es un general".

En el oeste de Nigeria, el PDP, vencedor de las municipales de diciembre y de las elecciones a gobernadores de enero, tiene poco peso. La mayoría estampó ayer su huella en la casilla número uno, en la de la Alianza para la Democracia (AD), un partido con enorme predicamento entre los yorubas, mayoritarios en esta zona del país. El PDP y el tercer grupo en liza, el Partido de Todo el Pueblo (APP), son fuertes en el norte (de mayoría hausa) y en el este (de mayoría ibo). Entre ellos dos estará la victoria en todo el territorio nacional.

Los aperos de la libertad

En Badagry, un pueblecito a 70 kilómetros de Lagos, cerca de la frontera con Benin, no había excesivo movimiento a las ocho de la mañana. Abejoye y Olanigan preparaban con mimo novato algunos de los aperos de la libertad: un par de urnas transparentes, un tampón, una lista con los votantes censados, dos bolígrafos y un recipiente con tinta china. En una saca estaban las papeletas con los tres partidos que compiten por los 360 escaños de la Asamblea General y los 109 senadores.

Éste es el penúltimo paso para el retorno a un Gobierno civil tras 15 años de dictadura militar. Emella, un ibo de 21 años, esperaba paciente su turno delante de un chamizo. "Tenemos hambre de democracia", exclamó. "Esta vez va a funcionar". Junto a él, Kehinde, un yuruba de 24 años, arremetía contra Obasanjo. "Es el candidato de los militares y en este país necesitamos a un civil. Votaré por Olu Falae la semana próxima", dice.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 20 de febrero de 1999.

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