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Dos nuevos ataques contra ediles del PP vasco pese al acuerdo sobre la violencia

Iturgaiz exige al "lehendakari" Ibarretxe que "cumpla su palabra" y rompa con EH

Los electos del PP siguen en el objetivo de los encapuchados pese a la confianza mostrada por el lehendakari, Juan José Ibarretxe, y por el presidente del PNV, Xabier Arzalluz, en un parón de la violencia callejera tras el acuerdo para acabar con todo tipo de violencia firmado por por todos los partidos nacionalistas, incluido EH, este jueves en el Parlamento vasco. La tienda del candidato del PP a la alcaldía de Amurrio (Álava) fue atacada con dos cócteles mólotov y la Ertzaintza retiró de los bajos del coche del edil del PP en Abadiño (Vizcaya) un artefacto incendiario. El líder del PP, Carlos Iturgaiz, pidió a Ibarretxe que "cumpla su palabra" de no pactar con quienes no condenen la violencia y rompa con Herri Batasuna.

El PNV, a través de su portavoz en el Congreso, Iñaki Anasagasti, el dirigente de Eusko Alkartasuna, Rafael Larreina, y el coordinador de Izquierda Unida (IU), Javier Madrazo, exigieron ayer a HB una condena "enérgica y rotunda" que no llegó. En respuesta, varios parlamentarios y cargos electos de Herri Batasuna (HB), como Iñaki Antiguedad e Ibon Arbulu, eludieron condenar los dos primeros ejemplos de violencia callejera desde que PNV, EA, EH e IU suscribieran el jueves en el Parlamento vasco una iniciativa contra la violencia.Iñaki Anasagasti, desde el PNV, aseguró: "Nosotros creemos que EH va en serio y por eso decimos que ya ha llegado el momento de la condena". En opinión de Anasagasti, ahora sólo cabe "que actúe la Ertzaintza y que todos condenemos el hecho, desde PNV a PP pasando por EH, para que se vea que este proceso va en serio". La escasa actividad de la Ertzaintza contra los violentos fue ayer explícitamente criticada por la socialista Rosa Díez. "Aquí no se detiene a nadie", aseguró Díez, para quien los saboteadores "ahora se sienten protegidos por el partido guía", en referencia al PNV, y gozan, gracias al pacto de Lizarra, de "inmunidad política".

Eusko Alkartasuna, por boca de su portavoz, Rafael Larreina, también mostró su esperanza a que EH condene los dos últimos ataques contra ciudadanos vascos. "EH debe ser coherente con su pronunciamiento de ayer y decir que estos hechos no se corresponden con actitudes políticas democráticas, no tienen razon de ser y tienen que desaparecer", afirmó.

Estéril condena

EH contestó a Anasagasti y a Larreina en los siguientes términos: "El camino de las condenas es estéril", aseguró el miembro de la Mesa Nacional de HB Ibon Arbulu. Añadió que los sabotajes son el "reflejo de otras expresiones de violencia, como la presencia de la Guardia Civil, el Ejército o la conculcación sistemática de los derechos democráticos de los vascos"

Mientras, las juventudes de la Koordinadora Abertzale Socialista (Jarrai) -el grupo que nada más conocerse la tregua de ETA dijo que los jóvenes abertzales "no están en tregua"- anunció ayer que "va a seguir dando guerra". Sus declaraciones responden a la decisión de la Fiscalía de la Audiencia de San Sebastián de pedir dos años de prisión para su portavoz, Ane Lizarralde, por un delito de amenazas.

El lehendakari, Juan José Ibarretxe, expresó ayer su solidaridad a la última víctima de los saboteadores. "Está muy bien y agradezco sinceramente la llamada de solidaridad que me ha hecho Ibarretxe, pero lo que hace falta es que dejen de ir de la mano con EH. No se puede estar con estos bárbaros y vándalos", aseguraba ayer Santiago Abascal, candidato por el PP a la alcaldía de Amurrio (Álava). Abascal hablaba ayer por la mañana tranquilo en el exterior de su tienda de ropa.

La noche anterior dos encapuchados había lanzado sendos cócteles mólotov que provocaron un incendio contra el local que destruyó buena parte de la ropa. "Esta tierra la quiero como el que más, soy vasco como el que más (...). Vamos a seguir haciendo las candidaturas y nadie nos va a hacer retroceder", aseguró entre los aplausos de los familiares y compañeros de formación. Junto a él, estaban los dirigentes del PP vasco, Carlos Iturgaiz y Carmelo Barrio, y los parlamentarios Carlos Urquijo y Rafael Cámara.

Credibilidad

El líder del PP vasco, Carlos Iturgaiz, advirtió al lehendakari que se estaba jugando su credibilidad política y le pidió que cumpla con su aseveración de que no pactaría con EH mientras no condenen la violencia. Iturgaiz emplazó al PNV a reaccionar y a no mirar hacia otro lado mientras continúan los ataques contra ediles populares. "Ya hemos visto los hechos de HB y ahora queremos ver los hechos del PNV", subrayó.

Fuentes del PP subrayaron que el objetivo de estos ataques es intimidar a las personas para evitar que se sumen a las listas del PP. "Saben a qué tipo de gente nos estamos acercando para conformar las listas y algunos, al ver estos hechos, muestran sus reparos porque tienen miedo de que sus bares o posesiones acaben ardiendo", asegura un dirigente que está encima de la elaboración de las listas en varios municipios de Álava.

El segundo acto de violencia callejera, esta vez fallido, tuvo lugar poco antes de medianoche en Durango (Vizcaya). El equipo de desactivadores de la Ertzaintza (policía vasca) retiró de los bajos del coche particular del edil del PP en Abadiño, Agustín Ramos Vallejo, un artefacto incendiario compuesto por un bidón de gasolina y un artefacto pirotécnico. Es la segunda vez que este concejal es objetivo de un intento de sabotaje por parte de los grupos de violencia callejera. El día de Navidad, según recordó ayer Iturgaiz, también intentaron quemar el vehículo del edil popular con un sistema similar. En aquella ocasión, el artefacto casero también fue neutralizado por la policía. De nuevo, los actos de kale borroka han tenido lugar durante el fin de semana.

Desde el PSE-EE, su secretario general de Guipúzcoa, Manuel Huertas, aseguró que con estos dos ataques "HB ha dado un paso adelante". Al tiempo, acusó a PNV y EA de "retroceder en la condena de la violencia y los principios democráticos para ir al encuentro de HB".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 21 de febrero de 1999