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Entrevista:

"Las niñas de Madrid juegan mejor al ajedrez que los niños"

Tiene una pasión infinita por el ajedrez y lucha desde 1994 contra la discriminación femenina en la práctica escolar de ese deporte. Eduardo da Riva nació en Madrid hace 46 años y empezó a familiarizarse con el tablero a los 12. Cuatro años después entró en la Federación Madrileña y empezó a jugar las primeras partidas, hasta llegar a tomar parte, entre 1985 y 1991, en competiciones de equipo en la categoría preferente, la máxima en España. En 25 años de docencia ha iniciado a más de 1.600 niños en los secretos de lo que él define como "una actividad intelectual". Actualmente está terminando de escribir dos libros: un manual para educadores y un programa dedicado a la introducción de la asignatura del ajedrez en los colegios. Pregunta. ¿Por qué usted habla de discriminación en el ajedrez? Respuesta. La Federación Madrileña de Ajedrez, como todas las federaciones nacionales e internacionales, obliga a los menores de 18 años a jugar separados por sexo en las competiciones oficiales. Desde mi punto de vista, no existe ningún fundamento técnico, jurídico o intelectual que justifique esa distinción.P. ¿Cómo se explica entonces esta situación?

R. Según las federaciones, así se garantizaría a las niñas la oportunidad de ganar, porque jugando contra niños no tendrían ninguna posibilidad. Eso es indemostrable y, además, discriminatorio.

P. ¿Cómo juegan las mujeres, según su experiencia?

R. Mucho mejor que los hombres, son más aplicadas y concentradas.

P. ¿La suya es una lucha de principios?

R. No, yo no busco una guerra de sexos, tal vez sí la federación. Es que como profesional y técnico me encuentro en la constante contradicción de enseñar a niños y niñas juntos y tener que aceptar, a la hora de competir, que se produzca una absurda separación.

P. ¿Por qué absurda?

R. Porque yo creo que así se transmite, desde la primera edad, un mensaje de que los hombres y las mujeres son intelectualmente distintos. Es como decir que las mujeres son inferiores.

P. ¿Cómo lleva adelante su batalla antidiscriminatoria?

R. He mandado repetidamente cartas a diferentes instituciones, como la Dirección General de Deportes de la Comunidad de Madrid y la Dirección de la Mujer, en las que denuncié la falta de lógica de esa disposición.

P. ¿Ha tenido alguna reacción positiva hasta ahora?

R. No, nadie ha mostrado un interés activo en la cuestión. Los funcionarios se ocultan detrás del silencio administrativo. Pero yo insistiré hasta conseguir mi objetivo.

P. ¿Qué lo impulsa a continuar con esta campaña?

R. Tengo una hija de cuatro años y me gustaría que nunca tenga que sufrir discriminaciones si un día decidiera ser ajedrecista.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 29 de enero de 1999

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