El último año de la súper

,Los automóviles se han convertido, en las grandes ciudades andaluzas, en el principal foco emisor de contaminantes. En los últimos años, urbes como Sevilla, Granada o Córdoba han registrado episodios puntuales de alarma atmosférica, motivados no por el vertido de alguna industria, sino por la acumulación de gases procedentes de los tubos de escape de coches, camiones o motocicletas. Cada año, un coche de tamaño medio produce unas tres veces su propio peso en monóxido de carbono. En el conjunto regional, los automóviles liberan en ese mismo plazo de tiempo más de 300.000 toneladas de ese gas tóxico. Pero, además, los mismos motores arrojan a la atmósfera unas 100.000 toneladas de óxidos de nitrógeno, cerca de 16.000 toneladas de anhídrido sulfuroso y alrededor de 4.000 toneladas de partículas. Por el tamaño de su parque automovilístico son Sevilla y Málaga las provincias en las que se registra una mayor cantidad de gases nocivos. En la primera se estima que pasa al aire el 22 % del total de contaminantes antes reseñados (92.000 toneladas/año), y en la segunda el 16 % (67.000 toneladas/año). Algunos especialistas, como el doctor José Castillo, jefe del Servicio de Neumología del Hospital Virgen del Rocío, en Sevilla, consideran que el aumento de la contaminación atmosférica está directamente relacionado con una mayor incidencia de algunas patologías respiratorias en la comunidad andaluza, ya que los habitantes de una gran ciudad "filtran, a través de sus pulmones, casi 10.000 litros de aire contaminado cada 24 horas". La incidencia del asma, por ejemplo, ha crecido un 30 % en los últimos diez años, fenómeno que, en parte, se debe a la proliferación de los vapores de gasoil, sustancia que vuelve más agresivos a algunos pólenes. Las autoridades de Bruselas han decidido actuar de una forma drástica en la reducción de los vertidos originados por los automóviles. La medida más drástica entrará en vigor en menos de un año. A partir del 1 de enero del 2000 dejará de venderse gasolina con plomo, conocida en nuestro país como súper. Algunos países, como Holanda, Alemania, Bélgica o Luxemburgo prácticamente han prescindido ya de este combustible, por lo que la nueva norma apenas tendrá repercusión. De cualquier forma, España ha conseguido una moratoria que permitirá retrasar esta prohibición hasta comienzos del 2003. El aplazamiento reducirá el impacto económico y social de la nueva directiva, pero cuatro años, consideran los expertos, es aún un plazo muy reducido para sustituir un número tan elevado de automóviles. Ni siquiera, como podría pensarse leyendo la publicidad de algunas petroleras, será posible utilizar gasolina sin plomo en motores no preparados para este combustible ya que se disparan las emisiones de algunas sustancias cancerígenas y pueden ocasionarse daños en el motor. La propia Unión Europea señala en una de sus publicaciones que entre un 20% y un 60% del plomo que se encuentra en la sangre procede de la inhalación directa de esta sustancia presente en la atmósfera. Por último, algunas ciudades españolas, como Vigo, han evaluado ya los beneficios ambientales de las gasolinas sin plomo, producto que ha permitido, en los últimos diez años, reducir en un 90% la aparición de este metal pesado en el aire del municipio gallego. La ofensiva comunitaria contra la contaminación atmosférica no termina en la eliminación de la súper. Gracias a un acuerdo alcanzado a comienzos del pasado verano con la ACEA, asociación que agrupa a los principales fabricantes de automóviles, la Comisión Europea ha establecido que los vehículos que se vendan a partir del año 2012 no podrán consumir más de 4,9 litros a los 100 kilómetros, lo que supone que por cada kilómetro recorrido sólo arrojarán a la atmósfera 120 gramos de dióxido de carbono (en la actualidad se permiten hasta 186 gramos). Al mismo tiempo, los fabricantes de combustibles también tendrán que hacer un importante esfuerzo tecnológico, ya que el año próximo deberán disponer de nuevas gasolinas sin plomo y carburantes diesel

A menos velocidad

La eliminación de la gasolina con plomo no es la panacea capaz de resolver el problema de la contaminación atmosférica causada por los automóviles. De hecho, utilizar este combustible puede acarrear mayores riesgos ambientales que el empleo de la súper. Así ocurre cuando se usa en motores que carecen de catalizador o en vehículos que no se encuentran en perfecto estado mecánico. En las gasolinas sin plomo, y para sustituir a este elemento, se emplean proporciones mucho mayores de ciertos hidrocarburos aromáticos, isoparafinas y compuestos oxigenados, cuyo exceso debe ser recirculado al motor y/o transformado en el catalizador, de manera que si el vehículo no cuenta con estos elementos de depuración, o se encuentran en mal estado de funcionamiento, dichas sustancias saldrán a la atmósfera como hidrocarburos no quemados (algunos de ellos cancerígenos), monóxido de carbono y óxidos de nitrógeno. En definitiva, la gasolina sin plomo se vuelve más agresiva que la súper si no se emplea de manera correcta. Algunas asociaciones ecologistas, por su parte, han propuesto que se reduzcan los límites de velocidad para automóviles, una medida que reduciría el gasto energético y las emisiones de contaminantes. En España, Aedenat ha solicitado al gobierno que revise estas limitaciones, fijándolas en un máximo de 100 km/h para autopistas y autovías, 80 km/h para el resto de carreteras, 50 km/h en vías urbanas y 30 km/h en vías situadas en zonas residenciales. Por último, Aedenat pide un mayor control sobre la publicidad, evitando aquellos mensajes "que se apoyan en los rasgos de potencia y velocidad del vehículo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 17 de enero de 1999.

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